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Los hadza Tanzania

Estos cazadores-recolectores de Tanzania viven del mismo modo que hace 10,000 años. Mira las fotos de Martin Schoeller.

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hadza1

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Al igual que sus ancestros, el joven Nija recorrerá cuando crezca las tierras vírgenes que circundan el lago Eyasi, en el norte de Tanzania… si para entonces la presión exterior no ha puesto coto a la libertad de su pueblo.

Martin Schoeller

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hadza2

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Las extensas vistas y la vegetación marchita de la estación seca permiten al cazador distinguir sus presas a kilómetros de distancia. Desde un árbol inclinado por el viento en la cima de un cerro, Mahiya escudriña el áspero territorio de los hadza.

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hadza3

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Todo el mundo ayuda a transportar la presa abatida hasta el campamento. A Kapala le toca llevar la cabeza del kudú, que acarrea sobre la suya propia. Su grupo, integrado por toda la familia y amigos, se dará un banquete hasta que no quede ni un bocado de carne.

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hadza4

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Onwas (al fondo, a la izquierda) se ríe en compañía de otros hombres y niños mientras hierven la savia de la rosa del desierto para fabricar veneno para sus flechas.

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hadza5

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Al mínimo ruido detectado en el bush, un joven cazador agarra velozmente el arco y se desliza ladera abajo, en silencio y con sigilo, para evitar ser localizado. Aunque las piezas de caza mayor son muy codiciadas, los cazadores hadza optan a menudo por animales menores, como dik-diks, aves y lemúridos.

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hadza6

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Atrás quedaron sus mejores años como cazador, pero hoy es un gran narrador de historias. Onwas es la figura paterna de uno de tantos grupos hadza que preservan un estilo de vida basado en la caza-recolección.

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hadza7

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Un grupo de cazadores persigue un facóquero herido examinando el rastro de sangre, una habilidad heredada a lo largo de generaciones. Aquí, cerca de los límites de la llanura del Serengeti, los cazadores hadza también abaten piezas mayores, como una jirafa. El hábil arquero, Garach (a la derecha), compartirá buena parte de la carne del facóquero.

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Mientras los hombres cazan, las mujeres sacan la pulpa del fruto del baobab. En la dieta hadza, los frutos y tubérculos que aportan las mujeres son más vitales que la caza. De una población total de unos mil hadza, varios cientos subsisten casi exclusivamente de lo que cazan y recogen, pese a estar expuestos a las sociedades agrícolas vecinas.

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Rodeado de sus escasas pertenencias, Tembo permanece sentado junto a las brasas de una hoguera, en un campamento al aire libre. La mayoría de hadza duermen bajo las estrellas porque, según dicen, el viento ayuda a mantener alejados los mosquitos. 

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Las mujeres, como Samay, son independientes y poderosas, libres de casarse o divorciarse cuando quieran. Las escarificaciones quizá se las hicieron en la infancia para que no llorara: las lágrimas escuecen.

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Conforme Ncolo vaya creciendo, tendrá que asumir más y más deberes de los adultos.

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Sangu es la hermana de Ncolo.

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La dura vida en el bush se refleja en el rostro de Mokoa, un cazador avezado. El tocado de cola de jineta quizá sea un adorno para impresionar a los extranjeros, o tal vez responda a la moda local.

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hadza14

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Chausiku y Sisiem (con un bebé a sus espaldas) recogen unas bayas llamadas ngwilabee en la lengua hadzane. Los estudios del antropólogo Frank Marlowe han demostrado que las bayas constituyen el 17 % de la comida llevada a los poblados Hadza, una contribución en calorías aproximadamente equivalente a la de la carne que proporcionan los cazadores.

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Los hombres despiezan dos dik-diks en un campamento tradicional.

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Boki (a la derecha) inicia una danza, mientras otro hombre, Lawi, permanece inmóvil. El baile informal es una forma de divertirse muy popular entre los hadza, tanto niños como adultos.

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Al amanecer los cazadores de babuinos llevan la presa al campamento. Como sus flechas están impregnadas de veneno, se desecha la carne que circunda a las heridas para que los comensales no ingieran la toxina.

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La llegada de la carne al campamento puede inspirar un baile, pero los hadza también danzan en plena noche como parte de un ritual o por pura diversión.

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Holo, la hija de Onwas, criará a sus cinco hijos en estrecha comunión con la tierra que les sustenta. Indiferentes a la mayoría de los signos de modernidad, los hadza siguen sobreviviendo al amparo de sus propias leyes.

Martin Schoeller

23 de diciembre de 2009

No cultivan la tierra, no crían ganado y viven sin reglas ni calendarios. Llevan una existencia de cazadores-recolectores que apenas ha cambiado en 10.000 años. ¿Qué saben ellos que nosotros hemos olvidado?