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En busca de la partícula de Dios

En busca de la partícula de Dios

En busca de la partícula de Dios

¿De qué está hecho el universo? Los físicos tienen la esperanza de que el gigantesco colisionador de átomos que se está construyendo en la frontera francosuiza descifre el código del mundo físico.

Si alguien perforara un pozo de 100 metros en medio del precioso pueblecito francés de Crozet, entraría en un escenario semejante al de la guarida subterránea de uno de los malos de las películas de James Bond. Un túnel de tres metros de diámetro con una iluminación estridente se curva a lo lejos, interrumpido cada pocos kilómetros por amplios recintos atestados de pesadas estructuras de acero, cables, tuberías, alambres, imanes, conductos, ejes, pasarelas y un sinfín de enigmáticos aparatos. Todo este inframundo tecnológico es un único y gigantesco instrumento científico: un acelerador de partículas, una cerbatana atómica más potente que cualquiera de las construidas hasta ahora. Es el Gran Colisionador de Hadrones, conocido como LHC, y su cometido es tan sencillo como ambicioso: descifrar el código del mundo físico, averiguar de qué está hecho el universo; es decir, llegar al fondo de muchas cuestiones fundamentales. A partir de algún momento en los próximos meses, dos haces de partículas recorrerán en sentidos opuestos el túnel, que forma un anillo subterráneo de 27 kilómetros de circunferencia. Para guiar las partículas hay más de mil imanes cilíndricos superenfriados, unidos entre sí como salchichas. En cuatro puntos del recorrido los haces convergirán, y las partículas chocarán entre sí a una velocidad cercana a la de la luz. Si todo funciona correctamente, las violentas colisiones transformarán la materia en paquetes de energía, que a su vez volverán a condensarse en varios tipos de partículas, algunas nunca vistas. Es la esencia de la física experimental de partículas: forzar colisiones de partículas minúsculas a velocidades límite y ver en qué se convierten. Los instrumentos distribuidos a lo largo del túnel serán los encargados de detectar los resultados de las colisiones. Lea el artículo completo en la revista