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El rincón olvidado de Nepal

El rincón olvidado de Nepal

El rincón olvidado de Nepal

Aislado largo tiempo por la topografía y la política, el reino del Mustang se abre al mundo exterior.

Una procesión de monjes budistas, que hacían sonar címbalos y trompetas, emergió por la puerta de la ciudad amurallada de Lo Manthang. Tras ellos, otros cinco monjes, cubiertos con máscaras, sostenían recipientes que contenían los espíritus malignos capturados durante tres días de danzas y cánticos. El rajá del Mustang, con dorada vestimenta que centelleaba bajo la luz del sol y largos pendientes de turquesas, cruzó a su vez la puerta con la majestuosa indiferencia de un señor feudal, seguido por un alegre tropel de espectadores. La fiesta anual de la primavera, el Tiji, iba a alcanzar su clímax.Al llegar a los campos, más allá de la ciudad, el rajá ceremoniosamente hizo fuego con un antiguo fusil de chispa. El danzante principal estrelló las vasijas una a una contra el suelo, para destruir a los demonios que podían producir fuego, inundaciones, sequía, hambre y terremotos. Luego el rajá empuñó una pistola, que llevaba oculta entre sus ropas, y disparó al aire varias veces. La multitud prorrumpió entonces en alegre vocerío.Lea el artículo completo en la revista.