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El corazón expoliado de Madagascar

La belleza rara y cautivadora del paisaje coexiste con una desesperación entre la población que define la vida cotidiana. Mira las fotografías de Pascal Maitre.

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La avenida de los baobabs, un área protegida desde 2007 cercana a Morondava, es lo único que queda de un bosque, en otro tiempo espeso, talado para dejar espacio a la agricultura. Apreciados por sus frutos y su corteza, los baobabs pueden alcanzar más de 24 metros de altura.

Pascal Maitre

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Con su esfuerzo grabado en la tierra como los anillos de crecimiento de un árbol, los mineros buscan zafiros cerca de Ilakaka, una ciudad que ha crecido rápidamente desde que en 1988 se descubrieran yacimientos de estas gemas. La zona cubría un tercio de la demanda mundial de zafiros, pero hoy las exportaciones han disminuido.

Pascal Maitre

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Un mercadillo en Antsirabe, ciudad situada en las montañas, atrae tanto a floristas como a niños hambrientos que piden limosna. La disminución de ayuda internacional y la caída del turismo tras el golpe de Estado de 2009 hacen que la economía se resienta, a consecuencia de lo cual cada vez menos familias envían a sus hijos a la escuela.

Pascal Maitre

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En el Parque Nacional de Masoala, un leñador furtivo deja al descubierto el valioso corazón morado de una dalbergia, cuya madera se conoce como palo rosa. Es uno de los cientos de antiguos agricultores y urbanitas que han invadido el parque, y gana unos cuatro euros por talar un árbol que reportará varios miles de euros a los exportadores.

Pascal Maitre

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Un campamento a orillas del río Ankavia bulle de operarios y trozas de palo rosa, lejos de cualquier tipo de control que garantice el cumplimiento de la ley. Alarmados, los conservacionistas denuncian que se están talando hasta 200 árboles diarios en los parques nacionales, pese a la prohibición de exportar palo rosa.

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A riesgo de perder la vida, un hombre desafía los rápidos del río Onive con una troza de palo rosa de 180 kilos amarrada a una balsa de madera más ligera que la mantiene a flote.

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En aguas más tranquilas unos barqueros transportan una camioneta cargada de trozas. La mayoría se exportan a China para fabricar muebles de lujo e instrumentos musicales.

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Una trocha abierta para tender unas tuberías que den servicio a la mina de níquel de Ambatovy secciona un bosque con una gran variedad de especies vegetales y animales. Ignorando el objetivo del anterior gobierno de reservar el 10 % de la isla para crear áreas protegidas, los actuales dirigentes fomentan en su lugar la minería.

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En venta: Lémur de cola anillada de cuatro meses, a partir de 36 euros. Su dueño lo cazó ilegalmente en un bosque de la costa occidental.

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Cada vez se capturan más lémures, muchos de ellos en peligro de extinción, para venderlos a traficantes de mascotas o a restaurantes, como el que preparó este guiso en Sambava.
 

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Atraídos por los rumores de que hay zafiros rosas grandes como puños, muchos de los que acuden en masa a Ilakaka acaban ganando unos pocos dólares en las cuadrillas de excavadores que sacan tierra con palas en las minas a cielo abierto.

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Aunque los comerciantes de Sri Lanka y Thailandia se llevan las mejores piedras, la compradora malgache Soaraza Arifeno (con una mascarilla para el sol hecha con pasta de raíces) selecciona gemas de segunda categoría para sus clientes africanos.

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Cuadrillas de excavadores sacan tierra con palas en una mina a cielo abierto en Ilakaka.

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Los antepasados son honrados durante la famadihana, una ceremonia todavía habitual en las áreas rurales. Cada cinco años, más o menos, Jean Louis Rakotondrasoa abre la tumba familiar y saca los restos de los parientes muertos.

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Los restos de los parientes muertos se envuelven en sábanas nuevas, entre festejos con música y baile.

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Las familias ahorran durante años para pagar el banquete.

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Sólo la vainilla más fragante supera la prueba del olfato en un almacén de Antalaha, donde los trabajadores descartan las vainas mohosas. El precio de la vainilla, una de las principales exportaciones del país, ha caído a causa de la superproducción mundial, por lo que muchos agricultores se internan en el bosque para cazar y talar.

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Un agricultor lleva a los niños en carro de bueyes a los arrozales de la familia, cerca de Morondava, por un camino inundado. Los malgaches tratan de sobrevivir en una tierra en la que nada es seguro

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En un campamento remoto de la península de Masoala, unos trabajadores arrastran hasta la orilla una troza de palo rosa centenaria seleccionada por un comprador. La cuadrilla construirá una balsa de madera ligera para transportar un solo tronco de 180 kilos de peso.

 

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Un leñador deja al descubierto el valioso corazón de una dalbergia que ha talado en el parque Nacional de Masoala. Los leñadores llevan años haciendo incursiones en los bosques protegidos del nordeste de Madagascar, pero la reciente inestabilidad política del país ha acelerado el ritmo. El pasado año se taló madera por valor de más de 200 millones de dólares en áreas designadas Patrimonio de la Humanidad.

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La dificultad del terreno pone a prueba a unos hombres que sacan troncos de un bosque. Las lesiones son frecuentes y los beneficios son escasos; unos pocos dólares, algo de carne de lémur y marihuana.

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Cumpliendo con su deber, un hombre saca de la tumba familiar los huesos de varios antepasados para envolverlos en sábanas nuevas. Es parte de una ceremonia para protegerse de la mala suerte que se cree pueden causar los ancestros enojados.

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Las trozas de palo rosa se amontonan en un campamento improvisado junto al río Ankavia. Las balsas esperan a que los balseros transporten las valiosas trozas a un mercado.

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En Bekonazy, los aldeanos maniataron a un poste a este ladrón de ganado para obligarlo a que confesara. El dahalo, o ladrón de ganado, reconoció que lo había contratado un hombre de una ciudad cercana que necesitaba sacrificar dos vacas para el banquete de un funeral. Pese a que la gente pedía el linchamiento del culpable, los aldeanos acabaron entregándolo a la policía.
 

Pascal Maitre

La belleza rara y cautivadora del paisaje coexiste con una desesperación entre la población que define la vida cotidiana. Mira las fotografías de Pascal Maitre.


El aislamiento geográfico de la isla creó un paraíso de riqueza biológica. Hoy, la presión demográfica y las turbulencias políticas aceleran el saqueo de sus maderas, minerales y piedras preciosas.