El celacanto, un fósil viviente

Se creía que el celacanto se había extinguido junto con los dinosaurios. Redescubierto en 1938, aquí lo vemos en un inusual reportaje fotográfico.

1 / 6

1 / 6

coleacantos01

coleacantos01

A lo largo de 95 horas de inmersiones, el fotógrafo y su equipo nadaron un total de 81 minutos al lado de cuatro celacantos. Los peces son fáciles de distinguir por unas características marcas blancas.

Laurent Ballesta

2 / 6

coleacantos02

coleacantos02

El equipo de la expedición efectuó 21 inmersiones profundas en cuatro semanas, pero sólo encontró celacantos en seis ocasiones. Estos animales nocturnos pasan el día escondidos en cuevas submarinas del área de la bahía de Sodwana, en Sudáfrica, a profundidades de entre 95 y 120 metros. Por la noche salen en busca de peces, calamares y pulpos para alimentarse.

Laurent Ballesta

3 / 6

coleacantos03

coleacantos03

El celacanto tiene una capa cristalina detrás de la retina que refleja la luz como un espejo, una ventaja en las oscuras aguas del océano. 

Laurent Ballesta

4 / 6

coleacantos04

coleacantos04

La primera aleta dorsal, semejante a una vela, le proporciona estabilidad mientras nada. El lóbulo extra de la aleta caudal, exclusivo de los celacantos, se puede ver en los ejemplares actuales y en los fósiles de hace millones de años.

Laurent Ballesta

5 / 6

coleacantos05

coleacantos05

Bautizado por un naturalista del siglo XIX con un nombre que en griego significa «espina hueca» (por las espinas que forman parte de la estructura de sus aletas), el celacanto, de aspecto prehistórico, puede medir hasta 2 metros de largo y pesar casi 90 kilos

Laurent Ballesta

6 / 6

coleacantos06

coleacantos06

Los movimientos lentos y gráciles del celacanto recuerdan el paso cruzado de los tetrápodos. Primero mueve la aleta pectoral izquierda y la pélvica derecha, y después la pectoral derecha y la pélvica izquierda. En esta expedición los peces no prestaron atención a los humanos, menos el de la fotografía. «Aquí es cuando intentó sonreírme», dice el fotógrafo Laurent Ballesta.

Laurent Ballesta

3 de noviembre de 2011

No todos los días aparece un fósil viviente en las redes de un pescador. Pero así sucedió en 1938, cuando Marjorie Courtenay-Latimer, conservadora de un museo sudafricano, observó una insólita criatura con gruesas escamas, extrañas aletas y un lóbulo de más en la aleta caudal, entre una captura de peces corrientes. Aunque no lo supo de inmediato, había redescubierto el celacanto, que se creía extinguido desde finales del cretácico pero que en realidad sobrevivió a muchos de sus coetáneos prehistóricos y había seguido habitando las profundidades del océano, imperturbable –e invisible– durante milenios.

Amor y muerte en el Sena

Más información

Amor y muerte en el Sena

Desde aquel hallazgo casual, Latimeria chalumnae ha sido localizado en diversas zonas aisladas del Índico. No se sabe cuántos hay: quizá no más de 1.000, o tal vez 10.000. Por la profundidad de su hábitat, casi siempre ha sido fotografiado desde sumergibles, tripulados o teledirigidos. Unos buceadores fotografiaron por primera vez a este pez en 2000. En enero y febrero de 2010, un equipo especialmente entrenado realizó inmersiones profundas para fotografiar la pequeña colonia que vive en la bahía de Sodwana, en Sudáfrica.