El águila pescadora alza el vuelo: un futuro esperanzador

Aunque sólo 32 parejas de águila pescadora residen en España de forma permanente, la rapaz atisba una ligera recuperación tras la debacle sufrida durante el siglo XX.

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3 de mayo de 2011

Según los datos referentes al estado de conservación y distribución del águila pescadora (Pandion haliaetus) en España, recogidos en la monografía general sobre la especie publicada por SEO/BirdLife en 2008, no dejan lugar a dudas. Esta rapaz de hábitos marinos cuenta en nuestro territorio con escasísimos efectivos: en la actualidad sólo 32 parejas se reproducen en nuestro país. De ellas, 14 están en Canarias, 15 en Baleares, dos en Andalucía (una de ellas se ha sumado recientemente a la pareja que había en 2008) y otra en las islas Chafarinas. Una población exigua, la española, que no obstante supone el 40% del total de la población mediterránea, cifrada en unas 70 parejas reproductoras.

A pesar de que en el norte y en el centro de Europa el águila pescadora cuenta con poblaciones grandes y estables (entre 8.000 y 13.000 parejas reproductoras), en la cuenca mediterránea son muy escasas y están constituidas por pequeños núcleos aislados entre sí. «Aquí el área de distribución original de la especie abarcaba en el pasado las islas del Mediterráneo occidental, la costa oriental de la península Ibérica y el litoral norteafricano de Marruecos y Argelia. Pero hoy esta ave se ha extinguido de la costa peninsular y también de Cerdeña, Sicilia, Ibiza y Formentera», señala desde Baleares Rafel Triay, uno de los autores de la monografía de 2008.

La persecución directa, la pérdida de hábitat, el crecimiento urbanístico cerca de los nidos, la electrocución en los tendidos eléctricos y la bajísima tasa de reproducción de la especie son las causas de que haya llegado a producirse esta situación. A partir del siglo XIX, coincidiendo con la profusión de escopetas, la población mundial de águilas pescadoras comenzó a disminuir, y en nuestro territorio quedó bajo mínimos. «A mediados del siglo pasado había entre 72 y 97 parejas reproductoras, casi todas ubicadas en Canarias y Baleares, pero a partir de 1960 la especie sufrió un continuo declive, hasta que en 1991 desapareció por completo de la Península –dice Manuel Siverio, otro de los autores principales de la monografía, desde Canarias–. Sólo subsistieron entre 16 y 24 parejas en las islas. A partir de ese momento se inició una lenta recuperación. En 1999 se contabilizaron entre 31 y 35 pa­­rejas, y desde entonces se ha mantenido una cierta estabilidad.»

Catalogada en España como especie vulnerable desde 2006, el águila pescadora cuenta hoy con un plan de recuperación en Baleares, un programa de reintroducción en Andalucía y una serie de acciones englobadas dentro del marco de Seguimiento de Especies Amenazadas del Gobierno de Canarias, donde el plan de recuperación aún está en fase de redacción.

En el archipiélago de las Baleares, el área actual de reproducción de las 15 parejas existentes es muy reducida debido a la destrucción de hábitat causada por el desarrollo urbanístico. Hoy la pescadora sólo nidifica en determinados tramos de Mallorca, Menorca y Ca­­brera. Los postes eléctricos, en los que suele posarse mojada tras sus baños, son una de sus mayores amenazas. «Sólo en Menorca, la electrocución causa el 67% de la mortalidad registrada. Por ello, el Gobierno Balear y Endesa mantienen desde hace años un programa llamado Avilínea, que pretende la adecuación de las torres peligrosas para evitar más muertes, de esta y de otras especies», informa Toni Muñoz, del Grupo Balear de Ornitología (GOB) y parte activa del programa de recuperación iniciado en 2007 y que finalizará en 2016.

Otro de los objetivos de este plan de recuperación en Baleares es evitar la competición que sufren las águilas pescadoras por parte de las gaviotas patiamarillas, que las asedian mientras pescan. «El cierre del vertedero de residuos sólidos urbanos de Son Reus, en Ma­­llorca, ha supuesto un descenso de la población de gaviotas, lo que favorecerá que las pescadoras recolonicen antiguas zonas como la isla de Sa Dragonera», añade Muñoz. El biólogo opina que en Baleares los esfuerzos parecen ir por buen camino. Casi todas las zonas de reproducción y alimentación están protegidas, aunque todavía queda mucho trabajo por hacer, como, por ejemplo, regular la navegación y el fondeo de embarcaciones cerca de los nidos. «También hay que tener en cuenta que las águilas juveniles suelen abandonar Baleares y dispersarse, llegando incluso a las costas atlánticas de África –puntualiza Muñoz–. Por tanto, una parte de la recuperación de nuestra población está condicionada por lo que pueda sucederles a las aves mientras están fuera de las islas.»

En Andalucía, lugar estratégico por hallarse a medio camino entre los archipiélagos de Baleares y de Canarias y por ser el punto de encuentro de la mayor parte de la población invernante de nuestro país, el proyecto de reintroducción se inició en 2003 y finalizará cuando se haya conseguido el establecimiento de una población continental viable. «Es decir, cuando podamos afirmar que el águila pescadora ha vuelto a la Península para quedarse», dice Miguel Ferrer desde la Estación Biológica de Doñana, del CSIC. Ferrer es el director científico del programa y el precursor de que la especie esté hoy protegida en nuestro país. «Hemos soltado 130 pollos procedentes de Alemania, Finlandia y Escocia en áreas protegidas de Cádiz y Huelva –prosigue–, y aunque pensábamos que en 2010 conseguiríamos que una primera pareja reproductora se instalara definitivamente en el territorio, ya en 2009 dos parejas fueron capaces de criar, una de ellas en el Paraje Natural de las Marismas del Odiel, en Huelva, y la otra en el Parque Natural de los Alcornocales de Cádiz. Hasta el día de hoy han sido cuatro las reproducciones registradas, con un total de nueve pollos que han nacido y volado en la España peninsular. Y en 2011 ya hay cuatro parejas incubando.»

En Canarias la población se restringe a 14 parejas reproductoras, un número que se mantiene estable desde 1983. Sus nidos se hallan repartidos entre las islas de Lanzarote, Tenerife, La Gomera y El Hierro y el islote de Alegranza, y están ubicados en las cornisas de los acantilados más resguardados de los vientos dominantes. Aunque los 14 nidos se encuentran dentro de la Red Canaria de Espacios Naturales Protegidos, y algunos están englobados en Zonas de Es­­pecial Protección para las Aves (ZEPAs) y en Lugares de Interés Comunitario (LICs), su grado de protección no es, según afirma la monografía de SEO/BirdLife, bueno ni eficaz, un hecho que debería mejorar cuando entre en funcionamiento el plan de recuperación.

En cuanto a la pareja residente en Chafarinas, contabilizada dentro del núcleo reproductor de la especie en Marruecos, poco hay que decir. Vive en la isla del Congreso, de apenas 256 metros cuadrados, y no hay datos que indiquen que haya criado jamás.

En resumen, de momento la especie no ha prosperado en los últimos 10 años, y es difícil que lo haga en territorio isleño. Pero la recién nacida población continental cuenta con una enorme disponibilidad de hábitat adecuado que le permitiría superar en pocos años los dos centenares de parejas sólo en Andalucía. De momento los contingentes siguen siendo precarios, y aunque la conexión entre los dos núcleos reproductores principales es inexistente, quizás en un futuro puedan conectarse con el andaluz. Habrá que esperar unos cuantos años para saber si realmente la pescadora deja esa precaria estabilidad y alza el vuelo de una vez por todas.

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