Editorial

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Por Chris Johns, director de National Geographic Magazine

editorialjulio01

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29 de junio de 2010

El 24 de junio de 1995 Johannesburgo era una auténtica fiesta: la gente bailaba por las calles y se abrazaba con desconocidos. Los Springboks sudafricanos se habían hecho con la Copa del Mundo de Rugby al derrotar en la prórroga a los All Blacks de Nueva Zelanda en el estadio Ellis Park. Yo vi el partido por televisión con unos amigos a unos 10 kilómetros de allí. El recién elegido presidente de Sudáfrica Nelson Mandela bajó al terreno de juego vestido con la camiseta de los Springboks para hacer entrega del trofeo.
El rugby y los Springboks habían sido, en la Sudáfrica del apartheid, símbolos del privilegio y el poder de los blancos. Cuando Mandela, encarcelado durante 27 años por aquel régimen racista, entregó el trofeo al capitán blanco del equipo y felicitó a los jugadores, casi todos blancos, hizo algo más que celebrar una victoria de rugby. Honró a un país que caminaba unido hacia la prosperidad.
La fiesta regresó a Sudáfrica en 2004 cuando el país fue elegido sede de la Copa del Mundo de Fútbol de 2010. Como hace 15 años, el acontecimiento deportivo significa también algo más. El apartheid ha acabado, pero el lento proceso de reconciliación continúa. En el número de este mes, el fotógrafo James Nachtwey nos muestra la Sudáfrica actual, mientras que Alexandra Fuller, autora del reportaje, nos habla de la vida en una ciudad de provincias, de víctimas del odio racial y de sus responsables, hoy encarcelados. Un relato de perdón y de redención. Como dice un ministro sudafricano, ésta es la historia de cómo un país se prepara para el futuro.