editorial_junio2010

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Las enseñanzas del budismo

Una de las principales enseñanzas del budismo es la aceptación de que todo cambia. Un ejemplo son las cuevas de Dunhuang, en China, donde centenares de grutas con las paredes interiores adornadas de pinturas constituyen un auténtico tesoro del arte y la escritura budistas. Las cuevas, excavadas por el hombre en este oasis de la Ruta de la Seda entre los siglos IV y XIV, ilustran la evolución del budismo desde su llegada a China procedente de la India hasta su consolidación como principal religión del país.
Pero también se están deteriorando. Afortunadamente, pocos ven este cambio como algo irreversible. Desde su redescubrimiento hace un siglo, solícitos cuidadores han protegido las cuevas de los saqueadores, de los agentes contaminantes e incluso de las destructoras manos de la Revolución Cultural.
Hoy se está llevando a cabo un gran esfuerzo para salvar las «cuevas incomparables», como se las conoce en China, de los corrosivos efectos de la humedad, la arena y la luz. La incorporación de especialistas internacionales a los trabajos de conservación es un acto de confianza por parte de China, ya que los eruditos occidentales de principios del siglo XX se llevaron a sus países de origen objetos de Dunhuang que nunca fueron devueltos.
Hoy cabe la esperanza de que gracias a esta colaboración, las cuevas se transformen una vez más y señalen el camino hacia una de las cuatro verdades excelentes del budismo: que con sabiduría, clarividencia y ética, las personas puedan liberarse del sufrimiento de su pasado.