Viaja al Vaticano con tu ordenador para contemplar el interior de la basílica y sus magníficas obras de arte; usa el zoom para acercarte.

Disfruta de un asombroso tour por la basílica de San Pedro sin levantarte de la silla

1 de septiembre de 2015

Este panorama de 360 grados te permite admirar el esplendor de la basílica de San Pedro en tu ordenador, tableta o dispositivo móvil. Usa la barra de herramientas para moverte o hacer zoom. Si utilizas tableta o móvil, levántalo o gíralo para verla en modo apaisado.

La basílica de San Pedro es una de las iglesias más espectaculares del mundo. Aunque algunos la confundan con la «iglesia madre» del catolicismo, en realidad ni siquiera tiene categoría de catedral, puesto que no es la sede del papa y obispo de Roma (como sí lo es la archibasílica de san Juan de Letrán). Sin embargo, por sus dimensiones, por su magnificencia y por su ubicación en plena Ciudad del Vaticano, las autoridades papales celebran en San Pedro numerosas ceremonias. Su aforo es enorme: puede acoger 20.000 fieles sentados o 60.000 de pie.

Comienza el tour con el baldaquino, el gran dosel que cubre el altar papal y la tumba de san Pedro, creación del genial artista y arquitecto Gian Lorenzo Bernini. Tardó nueve años en construirse y se concluyó en 1633. Fue forjado con 90 toneladas de bronce, salido en su gran mayoría del pórtico del Panteón de Roma. Mide cerca de 29 metros de alto, casi tanto como un edificio de diez plantas.

Justo debajo se halla la tumba de san Pedro. Verás las dos mitades de una ornamentada balaustrada y la cancilla que las une, por la que se desciende a la zona semicircular inmediatamente anterior al altar papal conocida como la Confessio, o capilla de la Confesión, en alusión a la confesión de fe que significó el martirio de san Pedro. La tumba en sí no es visible, ya que se encuentra al fondo de unas escaleras, recogida en un nicho de la parte trasera de la Confessio. Solo puede verse en un tour específico de las Scavi –o excavaciones– de la antigua necrópolis.

Justo encima se alza la cúpula de Miguel Ángel, con sus 136 metros de altura hasta la cruz de la torre exterior de la linterna. Verás la cara interior de la doble bóveda semiesférica; desde fuera se aprecia la exterior, algo más apuntada. Con sus 42 metros de diámetro, es una de las cúpulas más grandes del mundo. Los coloridos mosaicos de la cúpula representan a Jesús, María, José, san Juan Bautista y los doce apóstoles. Podrás distinguir la imagen de Dios impartiendo su bendición a la humanidad por el óculo, la abertura circular que corona la cúpula.

Recorre el tambor de la cúpula la inscripción TV ES PETRVS ET SVPER HANC PETRAM AEDIFICABO ECCLESIAM MEAM. ET TIBI DABO CLAVES REGNI CAELORVM en letras azules de dos metros de altura. Esta cita bíblica, tomada de Mateo 16:18-19, significa: «Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y a ti te entregaré las llaves del Reino de los Cielos».

Si miras a través del baldaquino hacia el ábside que remata la nave central, verás el resplandor de la vidriera de alabastro que representa al Espíritu Santo en forma de paloma (de dos metros de alto). Bajo ella se levanta el altar de la cátedra de san Pedro, escultura monumental de Bernini. Contiene las reliquias de una silla antigua desde la que supuestamente predicaba san Pedro. El altar simboliza la autoridad magisterial del papa.

Justo detrás de ti encontrarás la estatua de san Pedro entronizado ante una cortina de mosaico granate y oro. Esta escultura de bronce del siglo XIII se atribuye al forentino Arnolfo di Cambio. San Pedro eleva las manos para impartir su bendición, y tiene los dedos del pie derecho totalmente gastados por siete siglos de devotos besos y manoseos.

Contempla el vistoso suelo de mármol de la nave. Si estás mirando hacia la valla y la hilera de asientos en dirección al atrio, distinguirás un rectángulo granate. Es una losa que muestra las llaves del cielo, símbolo que verás repetido en toda la Ciudad del Vaticano. También hay placas en conmemoración de papas, así como marcas que indican la longitud de varias de las iglesias más grandes del mundo a título comparativo. Asimismo vislumbrarás lo que parecen trampillas magníficamente decoradas (por ejemplo, delante de las hileras de asientos). Son los accesos a las tumbas subterráneas de los papas, entre ellas la de Juan Pablo II, Sumo Pontífice de 1978 a 2005.

A tu alrededor verás espectaculares obras de arte que parecen pinturas pero que no lo son: se trata de mosaicos creados con teselas diminutas, poco mayores que la uña de un dedo. Se escogió decorar la basílica con mosaicos y no con pinturas para que resistiesen los estragos del tiempo, el humo y la humedad: arte eterno para el templo eterno. Cuatro ejemplos maravillosos son los medallones de mosaico que ornan el espacio entre la cúpula principal de la basílica y los enormes pilares que la sostienen. Los medallones representan a los cuatro evangelistas. Vemos a san Mateo a la izquierda, sobre el baldaquino, y a san Juan a la derecha.

Encastradas en los enormes pilares que soportan la cúpula hay cuatro colosales estatuas de mármol que figuran momentos cruciales de la Pasión de Cristo. Comenzando desde la derecha del altar verás la estatua de santa Elena, madre de Constantino el Grande, sosteniendo la Vera Cruz (obra de Bolgi). Siguiendo en sentido horario, hallarás la estatua de san Longino aferrando la sacra lanza que perforó el costado de Cristo (de Bernini). Continuando hacia la derecha, la estatua de san Andrés, hermano de Pedro, en el momento de su crucifixión en Grecia (de Duquesnoy). Y volviendo hacia el baldaquino, la última estatua es santa Verónica con el velo con el que limpió el rostro de Jesús en su ascenso al Calvario (de Mochi).