La decadencia del progreso de la antigua Unión Soviética en forma de fotografías

El fotógrafo Danila Tkachenko no solo ha intentado captar los fracasos de la antigua Unión Soviética sino los fracasos de la tecnología en general

7 de noviembre de 2016

A veces, en sus viajes por la ya extinguida Unión Soviética, el fotógrafo Danila Tkachenko tenía que aguardar días o incluso semanas hasta que se acumulaba la cantidad perfecta de nieve. "Necesitaba nevadas copiosas –dice–. Así se creaba una atmósfera especial en las fotografías, una especie de… luz difusa".

Otras veces, el viento generaba ventiscas cegadoras que cubrían con un halo opaco aquello que Tkachenko quería documentar: edificios, monumentos, maquinaria, estructuras que en su día habían descollado como símbolos de progreso y que ahora habían perdido todo propósito, oxidándose al aire libre. Aquellas reliquias eran para él "una metáfora de un futuro postapocalíptico". Entre 2012 y 2015, pasó meses fotografiándolas para un proyecto que bautizó "Áreas restringidas". El nombre alude al lugar donde Tkachenko comenzó este trabajo. En 1957 explotó un depósito de residuos radiactivos en una planta de producción de plutonio, con la consiguiente irradiación de una extensa zona.

Los soviéticos intentaron ocultar el accidente mientras se ocupaban de las poblaciones contaminadas. Una de ellas era Oziorsk, donde las autoridades permitieron a los vecinos permanecer en sus casas, pero prohibieron el acceso a quien no tuviese el pertinente salvoconducto o no fuese familiar de un residente.

Los abuelos de Tkachenko vivían en Oziorsk. En 2007 el abuelo falleció de lo que su familia identifica como los efectos a largo plazo de la radiación. «Esta historia, esta calamidad del progreso, me inspiró», explica el fotógrafo. Como su abuela seguía en la ciudad, en 2012 visitó la zona de acceso restringido y la fotografió. Tomar aquellas imágenes en Oziorsk le inspiró a buscar otras estructuras que simbolizasen un sistemático avance hacia el progreso súbitamente interrumpido. Investigó, localizó y viajó por tres ex repúblicas soviéticas y Bulgaria para fotografiar "macroconstrucciones utópicas que quedaron inconclusas o devinieron en fracasos". Al sur de la ciudad rusa de Kazán retrató el ruinoso crucero Bulgaria. Hundido en el Volga en julio de 2011 durante una tormenta en la que hubo más de 120 muertos, muchos de ellos niños, fue reflotado y remolcado hasta la orilla para investigar lo ocurrido. Allí sigue, con un monumento conmemorativo en las inmediaciones. También visitó un monumento a los "guerreros libertadores" cerca de la ciudad de Vorónezh. Lo habían erigido junto a una central nuclear para levantar el ánimo de los empleados, le explicaron, pero la central no acabó de construirse ni llegó a entrar en funcionamiento.

Tkachenko, de 25 años, no tuvo problemas mientras fotografiaba esos lugares, pero aquellos viajes entrañaban sus riesgos, como una posible exposición a la radiación o resultar herido explorando estructuras en ruinas. El mensaje de su proyecto no habla tanto de los fracasos de la antigua Unión Soviética como de los fracasos de la tecnología en general. En palabras del propio Tkachenko, "es imposible dejar de cuestionarse la idea de que el progreso siempre sirve al bien de la humanidad".

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