Cisnes cantores

La gracia y poesía del cisne cantor captadas por el fotógrafo Stefano Unterhiner

1 / 9

1 / 9

cisnes01

cisnes01

Con dos metros y medio de envergadura alar, el cisne cantor es el Jumbo de las aves acuáticas.

Stefano Unterthiner

2 / 9

cisnes02

cisnes02

Tras salir del cascarón, cubiertos de plumón y con los ojos bien abiertos, los polluelos se benefician de la celosa vigilancia de sus dos progenitores.

Stefano Unterthiner

3 / 9

cisnes03

cisnes03

Blancos como la nieve, unos cisnes cantores se recogen para pasar la noche en una franja helada de la bahía de Notsuke, en la isla de Hokkaido. «No son aves esquivas», asegura el fotógrafo Stefano Unterthiner. Alimentados por manos humanas, en algunos lugares son un reclamo turístico, aunque «lo que es bueno para el turismo no lo es para los cisnes», advierte un biólogo japonés.

Stefano Unterthiner

4 / 9

cisnes04

cisnes04

En cuestión de días, los polluelos se aventuran fuera del nido en busca de plantas acuáticas e insectos. Acompañan a sus padres durante la migración otoñal y pasan con ellos su primer invierno.

Stefano Unterthiner

5 / 9

cisnes05

cisnes05

Dos cisnes cantores se enfrentan en Hokkaido, Japón. El territorio de cría de esta especie abarca más de la mitad del globo, desde Islandia hasta las Aleutianas. Su migración comienza en la segunda quincena de septiembre, y entre marzo y abril regresan al norte.

Stefano Unterthiner

6 / 9

cisnes06

cisnes06

El cisne es el paradigma de la elegancia: desafiante cuando defiende su territorio o majestuosos y sereno cuando reposa.

 

Stefano Unterthiner

7 / 9

cisnes07

cisnes07

El cisne cantor suele alzar el vuelo desde el agua, pero también lo hace desde tierra firme, con una breve carrera y batiendo sus enormes alas. Puede alcanzar grandes altitudes (una vez un piloto avistó una bandada a 8.200 metros), y su vuelo migratorio es maratoniano. Una de sus rutas, los 1.300 kilómetros que separan Islandia de Irlanda, es probablemente el vuelo oceánico más largo de todas las especies de cisnes.

Stefano Unterthiner

8 / 9

cisnes08

cisnes08

En la región de Kainuu, en el extremo oriental de Finlandia, un cisne cantor adulto cuida de sus polluelos, nacidos en junio.

Stefano Unterthiner

9 / 9

cisnes09

cisnes09

Una pareja de estas aves grazna a un congénere que se ha atrevido a invadir su territorio. Los nidos, construidos con barro, musgo y hierba, pueden repararse y reutilizarse en años posteriores.

Stefano Unterthiner

La gracia y poesía del cisne cantor captadas por el fotógrafo Stefano Unterhiner

Todo en el cisne sugiere elegancia, hasta la propia grafía de la palabra, con la sinuosa curvatura de sus consonantes y la suave sonoridad de sus vocales. A fin de cuentas, si Piotr Ilich Chaikovski no compuso La charca de los patos, por algo será. El cisne cantor (Cygnus cygnus), al igual que sus onomatopéyicos primos,el silbador y el trompetero, pertenece a una distinguida estirpe cuyas filas incluyen también al cisne vulgar, el chico, el negro y el cuellinegro. Descrito por primera vez en 1758 por Carlos Linneo, Cygnus cygnus puede considerarse un primus inter pares, la especie tipo, el arquetipo de los cisnes. Es también un ave de superlativos. Con una población de unos 180.000 ejemplares, el cisne cantor, aun siendo vulnerable a la pérdida de hábitat, se cuenta entre los cisnes más abundantes y se lleva la palma en cuanto a la extensión de su área de distribución.

Más información

Banquetes y comilonas en la Edad Media

Banquetes y comilonas en la Edad Media

En la Antigüedad, la aparición de un cisne, nadando en la superficie espejada de un lago o desplegando sus alas para emprender un vuelo mayestático, era señal de evanescencia e inspiraba los anhelos de inmortalidad. Convertido en esta ave y simulando huir de las garras de un águila, Zeus logró seducir a Leda, hija del rey de Etolia. Según Platón, Sócrates oyó el canto de un cisne el día de su muerte. Las valquirias de la mitología nórdica se vestían de cisne para conducir al Valhalla a los héroes caídos en combate. Y Pitágoras creía que las almas de los poetas se encarnaban en cisnes.

El cisne, escribe la poetisa rusa Anna Ajmátova, «boga a través de los siglos» y sobrevuela el ciclo interminable de las estaciones. Cuando la bandada levanta por fin su vuelo migratorio otoñal (un revoloteo de alas celestial, una flecha plateada que surca los cielos) evoca una poética melancolía. Las sombras se alargan. Los días se acortan. Empieza la lenta agonía de otro año. Los fríos del norte se apoderan del paisaje y es tiempo para los cuentos de Hans Christian Andersen, cuyo patito feo acaba por transformarse en un cisne majestuoso.

Sensaciones agridulces, las que dejan estas hermosas aves. Porque su belleza física enmascara el lastre que la gravedad impone a sus cuerpos de grandes dimensiones y el esfuerzo que implica su supervivencia cotidiana. Los trabajosos despegues, el frenético chapoteo de las patas palmeadas, la pesada batida de alas previa al ascenso a las alturas, y una agresividad contra sus congéneres y otras aves acuáticas por defender su territorio (a veces con saña, de vez en cuando con resultados fatales) sugieren que la belleza es más cara y menos amable de lo que nos gustaría creer.