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Bhután, un reino en transición

Bhután, un reino en transición

Bhután, un reino en transición

El reino himalayo sustituye la pobreza y el aislamiento por el desarrollo y la apertura, y por un audaz avance hacia la democracia, tratando de encontrar el equilibrio entre tradición y progreso.

Primero llegan las agudas notas de la trompeta ceremonial; luego, los peregrinos budistas, que gravitan hacia el sonido. El sol se ha deslizado tras las montañas que se ciernen sobre Thimbu, la capital del reino himalayo de Bhután, y el último ritual del día está a punto de comenzar. Al frente de la multitud, con ropas andrajosas y el pelo cortado a lo paje, hay campesinos que han viajado durante tres días desde sus aldeas para visitar por primera vez la gran ciudad, probablemente la única capital del mundo sin semáforos. En la plaza, un grupo de monjes budistas se arracima con los brazos entrelazados y los dientes manchados de betel, de un color similar al de sus hábitos escarlata. Monjes, campesinos y vecinos de la ciudad se apiñan para ver la atracción principal: un niño en el centro del círculo, con camiseta naranja hasta las rodillas.Cuando el ritmo de la música se acelera, el niño –Kinzang Norbu, de siete años– se tumba en el suelo y empieza a girar sobre la espalda a tal velocidad que su imagen se disuelve en una nebulosa de color azafrán. La multitud, imbuida del antiguo misticismo de Bhután, el país de la tigresa voladora y el Loco Divino, quizá se pregunte si Norbu es la reencarnación de un santo budista. Pero el chiquillo está siendo el vehículo de otro mundo, mucho más desconcertante. Los altavoces no difunden un cántico budista, sino los primeros compases de Hips don’t lie, el sensual himno pop de Shakira, grabado en un moderno ordenador portátil Macintosh. Y cuando Norbu congela su giro apoyado únicamente sobre la cabeza, su camiseta cae al suelo, revelando su particular homenaje a la cultura global: zapatillas Nike rojas, altas hasta los tobillos, amplio pantalón deportivo Adidas y un falso tatuaje en caracteres latinos con el nombre que él y sus colegas han adoptado: "B-Boyz".Lea el artículo completo en la revista