Artes escénicas japonesas

Yusuke Nishimura

27 de febrero de 2017

En Japón, las artes escénicas constituyen un rico patrimonio cultural con siglos de antigüedad. El fotógrafo Yusuke Nishimura documentó las diferentes celebraciones y espectáculos del país.

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En verano de 2012, durante un festival en el santuario Meiji Jingu de Tokio, conocí por primera vez a los grupos de artes escénicas tradicionales de Tohoku, una región del norte de Japón. Aquella tarde el santuario se había convertido en un maravilloso universo espiritual iluminado con miles de velas y antorchas. Quedé fascinado por los singulares trajes de los artistas y por la energía de sus movimientos en la oscuridad. Fue entonces cuando decidí embarcarme en un proyecto de tres años con el fin de visitar los festivales que se celebran por todo el país y fotografiar los 49 grupos que existen en la actualidad.

Las artes escénicas tradicionales son un patrimonio que se extiende por todo el archipiélago nipón, y existen numerosas asociaciones en todo Japón que, en aras de su conservación, las han transmitido de generación en generación. Además de la Shishi-mai (o danza del león), la Kagura (un baile y una música reservados a los dioses) y las interpretaciones con tambores, destacan los festivales relacionados con el calendario agrícola.

También hay espectáculos y rituales en las islas más pequeñas cuya función es asegurar la buena salud y prosperidad de los aldeanos o invocar a los marebito, unos seres divinos que traen la felicidad.

Algunas de esas artes escénicas recibieron la influencia de las culturas china y coreana. Pese a que todas ellas existen desde hace siglos, muchos japoneses las desconocen. Por ese motivo me propuse documentarlas en imágenes y mostrar lo importantes que son en nuestra cultura.

En mi viaje, visitaba las aldeas un día antes de que se celebrara el festival, y siempre que podía fotografiaba a los artistas. Las sesiones no duraban más de diez minutos. Aunque las imágenes emulan la fotografía de estudio, era esencial tomarlas en la propia localización donde tenía lugar la representación, porque la energía y atmósfera del momento hacía que las expresiones fueran mucho más vívidas, más auténticas. Después añadía un fondo negro a las fotos para eliminar el entorno real del lugar y resaltar la esencia de cada arte escénica.

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A lo largo del proyecto descubrí algo inesperado acerca de esas tradiciones: hay grandes diferencias entre quienes las practican. Algunos no conocen su origen ni su historia; para otros, es toda una forma de vida. Hay quien propone cambios radicales en los trajes y en los bailes. Con el paso del tiempo, las artes escénicas han ido evolucionando.

En cierto sentido, las nuevas generaciones rompen con la tradición para renovar su espíritu y transmitirlo en los años venideros.