Hemeroteca

En busca del color

En busca del color

En busca del color

Ha sido causa de batallas, origen de fortunas, inspiración de canciones y leyendas. Hoy los humanos siguen recorriendo la Tierra –y el laboratorio- en busca de tintes y pigmentos con que interpretar y realzar su mundo.

En Nueva Inglaterra le llaman "el Color"; como en "la sequía arruinó el Color". Cada otoño, los zumaques exhiben sus hojas en una deslumbrante paleta, y compiten con abedules y arces. Días más tarde, el Color se ha desvanecido. Como el azul oscuro de un cielo de octubre o el naranja cálido de una hoguera invernal, no se puede retener. Quizá la naturaleza efímera del color impulsó a los humanos primitivos a buscar el modo de dominarlo. Veían cómo las hogueras ennegrecían los techos de las cuevas, embadurnaban las paredes con ocre rojo y amarillo, y experimentaban con conchas, insectos, flores, raíces y corteza. Imitaban a los animales, pintando su cuerpo para indicar agresión, camuflarse del peligro o atraer a un compañero. Las fuentes del color eran secretos celosamente guardados. Los pigmentos púrpura, azafrán y azul ultramar valían a veces su peso en oro. En la antigüedad, se erigieron ciudades con fortunas amasadas gracias, en parte, al tinte púrpura de los moluscos. En Nuremberg, un hombre fue quemado en una hoguera alimentada con su propia imitación del azafrán.Lea el artículo completo en la revista.