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El río San Pedro

El río San Pedro

El río San Pedro

Un oasis para los animales del desierto y para las aves migratorias, las aguas del San Pedro están asediadas por los sedientos núcleos de población de Arizona.

Cuando tenía nueve años crucé el río Mississippi de un salto. Mi familia había buscado su cabecera en el Parque Estatal de Itasca, Minnesota, donde un sendero especial mostraba el camino a los aventureros que tenían en mente semejante proeza. Hice el salto con respeto. Mis padres me habían dicho que esa modesta corriente que acababa de cruzar era en realidad una de las grandes vías fluviales de la Tierra, principal responsable de las inundaciones, la fertilidad y la actividad comercial del país.Pero por mucho que queramos recrear los momentos memorables de nuestra infancia para nuestros hijos, el tiempo pasa. No se puede, como dijo Heráclito, entrar dos veces en el mismo río. Ahora, cuando mi familia viaja al río para aprender cómo es la vida en él, vamos en coche hacia el sudeste desde nuestra casa, en Tucson, hasta llegar a un estrecho y sinuoso bosque de álamos donde nuestros hijos pueden intentar cruzar de un salto el San Pedro. Lo han hecho a menudo y a veces apenas se han mojado. En la zona donde la cabecera entra en Arizona desde México, el río apenas tiene un metro de anchura. Y en su recorrido hacia el norte, a lo largo de unos 240 kilómetros de desierto, casi nunca supera esa amplitud. Desde un punto de vista comercial no pasa de ser un arroyo insignificante. Pero para los ojos castigados por el sol del desierto, el río es una rareza reluciente, un reconfortante hilo de agua de color azul verdoso.Lea el artículo completo en la revista.