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El río Po

El río Po

El río Po

Castigados por siglos de destructivas inundaciones, los italianos del norte mantienen una relación de amor y odio con el río más largo del país, cuyas aguas alimentan arrozales, viñedos, pesquerías... y leyendas.

Attilio Formigoni conoce el río mejor que a su mujer. Después de 38 años navegando por el cauce traicionero del Po, ahora finalmente como capitán de su propio barco para turistas, el River Queen, ha aprendido a leer el lenguaje de las aguas en sus múltiples registros de sonido, color y movimiento. "Nunca me canso de él –me dijo, oteando el panorama en la iluminada noche estival mientras la sólida embarcación se deslizaba al ritmo pausado de la corriente–. El Po tiene la belleza de lo cambiante; ahí radica su fascinación. Son estos cambios los que mantienen vivo el amor por el río."Sólo de vez en cuando consultaba la pantalla del sonar, donde iban apareciendo las irregularidades del fondo. "Éste es un río que exige experiencia –explicó–. Primero tienes que aprender a conocerlo con la vista. Si no sabes qué estás mirando, ni el radar ni el sonar sirven para nada." Me habló de los peligros de la navegación, del estiaje, las inundaciones, los remolinos, los bancos de arena, así como de lo que había pagado por el barco y lo que le costaba su conservación. Al preguntarle por la causa de su perseverancia, respondió sin vacilar: "La pasión. Si navegar por el río no fuera apasionante, lo dejarías de inmediato, porque tener una embarcación como ésta cuesta un ojo de la cara".Lea el artículo completo en la revista.