El rescate de un símbolo

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El célebre Taj Mahal, en otro tiempo de un blanco fulgurante, ha perdido algo de lustre en las últimas décadas. A medida que la ciudad circundante de Agra ganaba población y la polución del aire iba en aumento, el mármol del bello mausoleo indio construido en el siglo XVII comenzó a adquirir un tono amarillo pardusco.

Sin embargo, se ignoraba la causa exacta del amarilleo. ¿Era culpa de las fábricas? ¿De la construcción? ¿De los vehículos? ¿O de alguna otra actividad industrial? Ahora un equipo de científicos estadounidenses e indios acaba de identificar a los culpables: el polvo, probablemente levantado por el tráfico en calles sin asfaltar, y el hollín generado por la quema de basura, los combustibles fósiles, los residuos agrícolas y la madera y el estiércol usados para cocinar y calentarse.

La respuesta oficial no se hizo esperar. Según el ingeniero medioambiental Mike Bergin, «a los 15 días de publicar nuestro artículo el Parlamento indio abordó el tema en sesión parlamentaria». Las autoridades de Agra adoptaron finalmente planes de mejora de la calidad del aire, como suministrar a la población gas propano para cocinar o sustituir el combustible de miles de camiones por gas natural.