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El regreso de los cosacos

El regreso de los cosacos

El regreso de los cosacos

Evocando una gloria pasada, una casta de guerreros con siglos de historia emprende, en la tumultuosa Rusia actual, una cruzada por el orden y la disciplina.

En la plaza adoquinada junto a la catedral de Novocherkassk, en la vasta estepa meridional de Rusia, 3.000 hombres permanecen atentos. Algunos visten ropa militar, pero la mayoría llevan el uniforme tradicional de los cosacos del río Don: guerrera color verde oliva y pantalón azul con franjas rojas en la pernera.Sus banderas están blasonadas con cruces, sables y el águila bicéfala rusa. "Heridos, pero no conquistados", es el lema de una de ellas, que ostenta un antiguo símbolo cosaco de desafío, un venado todavía en pie a pesar de la flecha que le atraviesa el lomo.Una banda empieza a tocar, y los cosacos desfilan ante un hombre barbudo que es su atamán, su jefe. La formación titubea cuando trata de girar mientras marcha en columna de a diez en fondo. "¡No estamos en la ciudad para divertirnos! –vocifera el oficial que dirige el desfile-. ¡De frente!"Mientras los contemplo desde la escalinata de la catedra, tengo la impresión de que ante mis ojos desfilan casi seis siglos de historia. Los orígenes de los cosacos se remontan al menos al siglo XV, cuando su patria tradicional, la estepa de Rusia y Ucrania, era una pradera virgen que no pertenecía a ningún gobierno: "Un mar de verde y oro salpicado de millones de flores diferentes", escribió Nikolai Gógol en Tarás Bulba, la historia de un jefe cosaco.Lea el artículo completo en la revista.