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El poder de la luz

El poder de la luz

El poder de la luz

La luz impregna nuestra realidad en todos los niveles de la existencia. De ella depende nuestro estado de ánimo y gracias a ella crecen los alimentos que cultivamos. Enigmática y siempre omnipresente forma de energía, la luz constituye actualmente la herramienta más valiosa del futuro.

Ha habido luz desde el principio y habrá luz, tal vez débil, hasta el final. En todas sus formas, visible o invisible, la luz satura el universo. La física moderna ha logrado fraccionar la materia en componentes cada vez más diminutos, pero la luz es irreductible. Nadie sabe con certeza cómo describirla. ¿Una onda? ¿Una partícula? Los científicos responden afirmativamente a ambas preguntas. Una medida de la importancia de la luz en nuestra vida cotidiana es que muy pocas veces reparamos en su existencia. La luz es casi como el aire. Prestamos tan poca atención a la luz como los peces al agua. Desde luego, hay excepciones, momentos en que una particular manifestación de la luz se nos presenta en todo su fugaz esplendor: el arco iris, un crepúsculo, un relámpago en el cielo oscuro, el fulgor del mar al alba, la luz tamizada de un bosque o la temblorosa llama de una vela inundando de romanticismo una habitación. Pero habitualmente no vemos la luz, sino que vemos gracias a ella. ¿Podríamos apreciar la belleza de una rosa si nos parásemos a pensar que el color rojo que en ella admiramos no es más que la interpretación que el cerebro efectúa de una longitud de onda específica de la luz, cuyos máximos distan entre sí 700 nanómetros? Lea el artículo completo en la revista.