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El futuro nos llama

El futuro nos llama

El futuro nos llama

El problema de las distancias geográficas pierde importancia a medida que las redes de fibra óptica y los sistemas de comunicación sin cable hacen posible que el correo electrónico y las ideas viajen por todo el mundo a una velocidad cada vez mayor.

Han colocado banderines anaranjados en las aceras de Bethesda, un barrio residencial de Maryland justo en el límite con Washington, D.C. Como ya los he visto otras veces, sé que anuncian obras. Muy pronto llegarán los obreros con sus martillos neumáticos y sus luces intermitentes. Abrirán las calles y obstaculizarán el tráfico para instalar algo, no se sabe qué, bajo tierra.No lejos de mi casa, Martin J. Droney, al frente de una brigada de obreros de la compañía telefónica, fue el primero en hablarme del nuevo "cableado global". Todo un mundo de cables subterráneos y submarinos, un mundo de torrentes de mensajes electrónicos, con una red Internet que cada año duplica sus dimensiones y vomita información en cantidades jamás conocidas hasta ahora. Y también un mundo con una "frontera digital", un abismo que separa a los que están conectados de los cientos de millones de desconectados que nunca han hecho ni una simple llamada telefónica.Lea el artículo completo en la revista.