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El desierto de Alashan

El desierto de Alashan

El desierto de Alashan

Lagos alimentados por manantiales naturales, dunas de arena de 400 metros de altura y los fantasmas de una antigua ciudad amurallada pueblan el corazón de la meseta de Alashan, el rincón más desconocido del desierto de Gobi chino.

Aquí hay fantasmas, dicen los chinos. Aseguran que este lugar, una fortaleza amurallada abandonada en el siglo XIV llamada Khara Khoto, la Ciudad Negra, está habitada por demonios y espíritus. Entiendo el motivo. A mi alrededor, Khara Khoto es un inquietante montón de arena arrastrada por el viento. La arena oculta casi totalmente las murallas, de nueve metros de altura y cuatro metros de espesor. En el interior yacen las ruinas de lo que en otra época fuera un lugar lleno de vida. Sólo quedan restos de construcciones de adobe rojizo desmoronadas hace ya mucho, unos pocos huesos blancuzcos tan antiguos que resultan imposibles de identificar y fragmentos de potes y cuencos de cerámica. Las ruedas de molino de granito, con sus caras grabadas por surcos de siete siglos de antigüedad, descansan también medio enterradas en la arena. La leyenda del final sangriento de la Ciudad Negra está esparcida sobre la arena a mi alrededor bajo la luz rasante de un atardecer de octubre. Corría el año 1572 y el rey mongol Khara Bator, cuyos súbditos se protegían en el interior de estas murallas tomadas por la Horda de Oro de Gengis Kan en 1226, contemplaba el fin del dominio de Mongolia sobre Asia. Lea el artículo completo en la revista.