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El desierto antártico

El desierto antártico

El desierto antártico

Los científicos que estudian los Valles Secos, una zona de la Antártida libre de hielos, descubren organismos microscópicos que viven dentro de rocas heladas y minúsculos gusanos que sobreviven desecados por congelación durante décadas.

Bruce Marsh se sentó fuera de su tienda, bebiendo whisky en una taza de metal, fumando un cigarro y sonriendo maliciosamente. Parecía un joven Fidel Castro celebrando la victoria, pero lo que le alegraba no era la revolución, sino el tiempo. "No hay árboles –dijo-. No hay plantas verdes. Sólo algas verdiazules. ¿A qué otro sitio se puede ir que sea igual que hace 3.000 millones de años? ¡Increíble!" Marsh, un geólogo de la Universidad Johns Hopkins, cuatro de sus colegas y yo habíamos acampado en una terraza de gravilla bajo una colina cubierta de rocas modeladas por el viento hasta adquirir un aspecto similar a enormes cráneos, sobre un valle en el que aparecían esparcidos cadáveres de focas desecados por congelación. Se habían arrastrado hasta aquí por error desde el cercano McMurdo Sound, y habían muerto hace unos 3.000 años. Sin embargo, lo que a Marsh le resultaba increíble no era la evidente rareza de esta pequeña porción de la Antártida llamada Valles Secos de McMurdo, sino la forma en que este lugar utiliza a modo de ámbar el frío y la sequedad para atrapar las huellas del tiempo. Lea el artículo completo de la revista.