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El caso del carbono desaparecido

El caso del carbono desaparecido

El caso del carbono desaparecido

Elemento vital para la vida, el carbono se rige por un complejo ciclo. Adictos a los combustibles fósiles, los humanos emitimos cada año miles de toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera. Afortunadamente, las plantas y el agua de los océanos lo absorben. Pero, ¿qué sucede cuando se desequilibra el gran sistema de reciclado del carbono de nuestro planeta?

Puede verse en un monitor: el bosque respira. El sol del verano se filtra a través del follaje cuando Steven Wofsy abre la puerta de una pequeña construcción en un bosque de Massachusetts y accede a una habitación atestada de equipos electrónicos. Los aparatos vigilan las funciones vitales de una pequeña sección del bosque de Harvard. Brillantes cifras rojas danzan en un indicador. Su lectura proporciona la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera, medida por los instrumentos instalados en una torre de acero de 30 metros de altura. Las cifras son asombrosamente bajas para comienzos del siglo xxi: en torno a 360 partes por millón, diez menos que el promedio mundial. Es obra de los árboles, que, mientras se calientan al sol, absorben dióxido de carbono y lo convierten en hojas y madera. A la vez que se nutre, este bosquecillo de pinos, robles y arces está contribuyendo a deshacer, en una pequeñísima parte, un gran cambio global inducido por el hombre. La mayoría de las acciones de nuestra vida cotidiana, como poner en marcha un coche, añade dióxido de carbono a la atmósfera. Lea el artículo completo en la revista.