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El bosque lluvioso a un paso de Río de Janeiro

El bosque lluvioso a un paso de Río de Janeiro

El bosque lluvioso a un paso de Río de Janeiro

El bosque atlántico de Brasil sobrevive hoy en meras islas de verdor dispersas en un mar de aglomeración humana. Su superficie actual, un 7% de la original, es sólo una pequeña fracción del tamaño de la Amazonia, pero ambos espacios son comparables en términos de endemismos. Conscientes de la riqueza que atesora en su interior, los científicos proponen un plan para recuperar los restos de mata atlántica de la creciente oleada de desarrollo urbanístico y salvar de la extinción a muchas de sus especies.

Siempre es así. Sabes que están ahí, pero no los ves", dice Adriano Chiarello. El biólogo conservacionista brasileño echa el cuello hacia atrás como un maestro de yoga para escudriñar las ramas más altas de un árbol, 30 metros por encima de nosotros. En algún lugar de la frondosa copa se ocultan una hembra de perezoso de penacho negro y su cría de ocho meses. Una señal intermitente de radio procedente del collar de la madre ha guiado a Chiarello hasta el pie del árbol, pero la tecnología tiene sus límites. Ahora tiene que descubrir a la pareja a la antigua usanza: a simple vista. "Si no se mueven, puede que no los veamos –suspira el biólogo–. Y ya sabe, son realmente perezosos. Pasan horas sentados, durmiendo, sin moverse. Es lo que hacen del 80 al 90% del día: nada en absoluto." Se frota los ojos, sacude la cabeza y vuelve a su pose de yoga con el cuello estirado. "Espere… Parece que el insulto ha funcionado. Mire ahí, justo encima de su cabeza. Está agarrada a una rama." Sigo la dirección de su dedo y distingo entre las hojas el rostro marrón oscuro de la madre. Lea el artículo completo en la revista.