Conservación

Efecto Schengen: libre circulación de animales y plantas

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Aumenta el número de especies exóticas en las cuencas fluviales gallegas

A lo largo del siglo pasado, una treintena de especies exóticas de agua dulce se han quedado a vivir en Galicia, lo que supone una grave amenaza para los organismos autóctonos. Así lo ha constatado un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Santiago de Compostela (USC) y de la Universidad de A Coruña (UDC).

«La introducción de especies exóticas en Galicia ha sido más lenta que en el resto de la Península, seguramente a causa del aislamiento de sus cuencas fluviales y del gran número de pequeños ríos costeros no navegables», explica Fernando Cobo, autor principal del estudio y director de la Estación de Hidrobiología de la USC. «Mientras que a principios del siglo XX las especies introducidas en la península Ibérica tardaban entre 80 y 90 años en ser registradas en Galicia, a partir de mediados de la década de 1990 el retraso es casi nulo», añade desde la UDC María J. Servia, coordinadora del estudio.

Todo indica que el año 1995 fue el punto de inflexión, coincidiendo con la aprobación del Tratado Schengen, una política de apertura de las fronteras de los países europeos que, además de permitir la libre circulación de personas y mercancías, ha propiciado el tránsito incontrolado de animales y plantas. En estos momentos, 31 especies exóticas se han instalado en aguas gallegas y han constituido poblaciones estables. Entre ellas, el galápago de Florida (Trachemys scripta), la gambusia (Gambusia holbrooki), la almeja asiática (Corbicula fluminea), el cangrejo rojo americano (Procambarus clarkii) y plantas como el helecho de agua (Azolla filiculoides) o el jacinto de agua (Eichhornia crassipes).

La introducción de especies foráneas en el medio acuático suele ir asociada a la navegación comercial y de recreo, a la suelta intencionada de especies para la pesca comercial y deportiva, y a la liberación, ex profeso o no, de animales procedentes de la acuarofilia y de la venta a través de Internet. La regulación del comercio de especies peligrosas o potencialmente peligrosas, las campañas de divulgación y el establecimiento de medidas para evitar la dispersión de ciertas especies exóticas son herramientas esenciales para frenar el enorme daño que estos turistas indeseados están ya causando en nuestra biodiversidad.  –Eva van den Berg

 

Foto: Estación de Hidrobiología de la USC