Editorial: Una ley dura para una droga blanda

Julio de 2015

editorialjuliol2015

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31 de julio de 2015

El anuncio formaba parte de una campaña televisiva de los años ochenta y noventa contra las drogas. «Este es tu cerebro», decía un individuo de expresión seria, refiriéndose al huevo que sostenía en una mano. «Estas son las drogas», proseguía, señalando hacia una sartén humeante sobre un hornillo. Acto seguido cascaba el huevo y lo freía en la sartén. «Este es tu cerebro cuando tomas drogas.» El huevo crepitaba y cuajaba. «¿Preguntas?»
Pues sí. Muchas. Desde entonces, y en lo que a la marihuana se refiere, poco se ha avanzado en la investigación científica de esta controvertida planta. Ahora que en distintos lugares del mundo se autoriza el uso médico de la marihuana, que en otros se ha legalizado también su uso lúdico y que muchos ciudadanos están a favor de su legalización, es urgente avanzar en las investigaciones sobre los efectos de la marihuana en el cerebro y el resto del organismo. Hay menos estudios serios de lo que cabría esperar. «Durante casi 70 años la planta se vio confinada a la clandestinidad, y la investigación médica quedó prácticamente paralizada», explica Hampton Sides en este número. Hoy, tal y como afirma Sides, «la ciencia del cannabis parece estar recuperando el tiempo perdido. Hay sorpresas, tal vez milagros, ocultos en esta planta antes prohibida».
En Estados Unidos, sin embargo, el Gobierno federal sigue calificándola de droga peligrosa e incluyéndola en el Apartado I, sin aceptar –como con la heroína– su uso médico. A no ser que la reclasifiquen en el Apartado II, permitiendo su estudio con menos restricciones, la investigación será lenta. Demócratas y republicanos han presentado propuestas conjuntas de recalificación, pero no está claro que prosperen. Más de un alto cargo de Sanidad lamenta en privado que existan tan pocos estudios científicos sobre la marihuana, pero en público esquiva la cuestión. No es el caso de Kirsten Gillibrand, senadora demócrata por Nueva York, quien junto con Cory Booker, senador demócrata por Nueva Jersey, y Rand Paul, senador republicano por Kentucky, ha presentado una propuesta en ese sentido. La marihuana, dice, «siempre se ha demonizado, pero si nos centramos en la defensa de los pacientes, los legisladores se darán cuenta de lo absurda que es la ley». Gillibrand ignora si este año se votará la propuesta, pero confía en exponer el tema en sesión parlamentaria. El momento no puede ser más oportuno: la contradicción entre la voluntad de algunos estados de regular y vender la marihuana y la resistencia federal a avanzar en investigación se salda con un número creciente de ciudadanos privados del conocimiento necesario para tomar decisiones basadas en datos científicos.