Editorial: el horizonte de posibilidades infinitas

Enero 2013

editorialenero2012

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25 de enero de 2013

Quisiera hablarles de una fotografía que tengo enmarcada en mi casa. La tomó W. Eugene Smith y se titula The Walk to Paradise Garden. En ella aparecen sus dos hijos pequeños cogidos de la mano, quienes, después de atravesar el sendero de un bosque, salen de entre las sombras y avanzan por un claro luminoso. Me recuerda a mí mismo cuando de niño exploraba la naturaleza salvaje del jardín trasero de nuestra casa en el sudoeste de Oregón. Allí descubría una y otra vez mi nogal favorito, huellas de ciervo, un avispero y ardillas.

Me recorría las tres hectáreas de ese jardín con la esperanza de ver un puma (nunca ocurrió). O descendía hasta Griffin Creek, a ver si daba con una punta de flecha (encontré muchas). Años después comprendí que aquel pequeño universo representaba para mí un horizonte de posibilidades infinitas.

La imagen de Smith apela también al poder de la exploración. El fotógrafo había sufrido heridas graves mientras ejercía de corresponsal en el Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial. Llevaba mucho tiempo sin tomar una foto. Sufría dolores y había quedado profundamente afectado.

«Seguí a mis hijos hasta el bosque […] ¡Cuánto júbilo con cada nuevo descubrimiento!», escribió Smith. Y entonces tuvo una revelación. Ver a sus pequeños tan entregados a su pequeña expedición le cambió el humor. «Sentí ganas de entonar un canto a la vida.»

Este mes el lector hallará historias sobre exploradores que viajan a los lugares más fríos de la Tierra, a los más profundos, a los más elevados y también a los más distantes, pero lo cierto es que incluso el jardín de casa puede ser un campo de exploración. Explorar puede convertirse en una profunda reafirmación de la vida.