Editorial: el árbol de la nieve

Diciembre de 2012

editorial_diciembre2012

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21 de diciembre de 2012

Es un hecho comúnmente aceptado entre los fotógrafos que el mal tiempo hace que una fotografía sea mejor. Añade carácter, matices, misterio. En el caso del Presidente, el ejemplar de 3.200 años y 75 metros de altura que protagoniza el reportaje de este mes sobre secuoyas gigantes, el mal tiempo trajo además problemas y algún que otro quebradero de cabeza.

La imagen del árbol nevado es prima hermana de la foto publicada en el póster del número de noviembre de 2009 en la que aparecía una secuoya de la costa de 90 metros. Son un testimonio de la pasión de Michael Nichols, autor de ambas composiciones, quien aún no había acabado de fotografiar la secuoya de la costa cuando ya estaba pensando en su siguiente proyecto.

Esta vez queríamos un enfoque diferente y fuimos a por todas. Nick Nichols había planaeado fotografiar la enorme secuoya en plena ventisca invernal. Imaginaba un velo de blancos copos de nieve difuminando la imagen del árbol.

El plan no era tan fácil. Cada mañana durante 17 días, el equipo caminó tres cuartos de hora con raquetas de nieve hasta llegar al sitio. El material, que incluía dos pesadas baterías para generar electricidad, tenía que ser arrastrado en trineo. El frío y la humedad causaron un sinfín de dificultades técnicas. La pintoresca nieve a veces se convertía en una lluvia desesperante. Así y todo, Nichols y su equipo lograron su objetivo.

«Quería rendir un homenaje al árbol», dijo.

Y lo consiguió.