Editorial: atracción fatal

Febrero de 2013

editorialfebrero2013

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22 de febrero de 2013

Apuesto a que entre las frases que nadie quiere oír, «tienes una mamba negra debajo de la cama» es una de ellas. Hace unos diez años mi guía y amigo Dave Hammon y yo estábamos alojados en una cabaña construida en un árbol mientras acabábamos un reportaje cerca de la frontera de Mozambique. Anochecía, y cada vez se veía menos en aquella habitación que compartíamos con un huésped al que nadie había invitado y que se había colado entre nosotros culebreando. La mamba es una de las serpientes más letales del mundo. Yo me crié en tierra de serpientes de cascabel, pero al lado de una mamba, la cascabel es como una lombriz de tierra. Teníamos que hacer algo. Por suerte finalmente pudimos sacarla de su escondrijo y echarla del habitáculo. Problema resuelto.

Además de letal, la mamba es preciosa. De escamas relucientes y ojos brillantes, se mueve a la velocidad del rayo e irradia energía. Para mí, es la serpiente más fascinante del mundo. Las criaturas venenosas, ya sean víboras o escorpiones, inspiran una mezcla de temor y magnetismo. Pero su mortífera belleza esconde otra cara, como desvela el artículo de este mes sobre los venenos. Zoltan Takacs, herpetólogo, experto en toxinas y Explorador Emergente de National Geographic, calcula que hay unos 20 millones de toxinas de las que podrían obtenerse fármacos destinados al tratamiento de enfermedades que van desde el cáncer hasta la esclerosis múltiple. «Los venenos abren un nuevo horizonte a la elaboración de medicamentos», afirma. En pocas palabras, la toxinología y la farmacología son dos caras de una misma moneda. Los antiguos lo sabían. No en vano el símbolo de Asclepio, el dios griego de la medicina, es una serpiente enroscada en un bastón.