Editorial

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editorialdiciembre2011

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Por Chris Johns, director de National Geographic Magazine

Espíritu protector

El «infierno de la creación»: así describió Ludovico Mariano Nesbitt en 1928 la depresión de Afar, situada en el norte de Etiopía. Nesbitt fue el primer europeo que exploró tan inhóspito paraje y vivió para contarlo. Anteriormente tres expediciones habían fracasado, lo cual no es de extrañar. Afar es uno de los lugares más calientes de la Tierra, un terreno agreste de volcanes activos, un burbujeante lago de lava y manantiales de agua hirviente. Sus habitantes, el pueblo afar, se enfrentan a un paisaje insólito. No es un lugar apetecible, excepto para el fotógrafo George Steinmetz. Pese a las dificultades, se sintió atraído por la zona porque, tal y como verán en el número de este mes, allí se pueden tomar fotografías extraordinarias.

Otro atractivo fue la promesa de vivir una aventura de riesgos en la que uno se tiene solo a sí mismo. «Una de las cosas más maravillosas de África –dice George– es que por lo general no hay normas ni nadie que las imponga. Cuando llegamos a una caldera en erupción no había nadie para decirnos si la lava estaba subiendo o bajando o si el borde era quebradizo. Acceder al límite del lago de lava para tomar una foto con gran angular fue como pasear la tabla, en medio de gases volcánicos tóxicos que convierten la humedad de las fosas nasales en ácido sulfúrico. Quería fotografiar el lago desde el parapente, pero advertí que no podía aterrizar sin acabar hecho trizas en aquel terreno inestable. Por norma no sobrevuelo un lugar si no hay un punto seguro al que descender planeando si falla el motor.

»En mi siguiente vuelo, sobre el lago Afrera, precisamente se produjo un fallo de motor al romperse el manguito del combustible. En África quizás no haya normas –dice George–, pero me alegré de tener las mías.»