Editorial

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editorialagosto2011

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Por Chris Johns, director de National Geographic Magazine

Un extraño oso negro de color blanco

Cuando el fotógrafo Paul Nicklen propuso un reportaje sobre los osos negros de Kermode, tuve mis dudas. Hace 26 años trabajé en el Bosque Lluvioso del Gran Oso, en la Columbia Británica, y supe de la existencia de este esquivo animal, aunque nunca llegué a verlo, y menos a fotografiarlo. Pero mis recelos hacia los desafíos de Paul fueron un error. No sólo fotografió a los osos espíritu, como se conoce a los osos de Kermode de pelo blanco, sino que además obtuvo unos primeros planos extraordinarios.
De hecho, convivió con un gran macho (derecha) durante dos días después de tres semanas sin ningún avistamiento.
Los osos blancos de Kermode son animales tímidos. En todo el mundo quizás haya un centenar de ellos, viviendo en uno de los mayores bosques lluviosos templados costeros del planeta. La aparición de este ejemplar fue como un regalo. Mientras el gran macho se movía por el bosque secundario, entre la maleza, Paul se preguntaba cómo iba a fotografiarlo en un entorno tan poco fotogénico. Entonces el oso se acercó a una vieja tuya gigante y se echó a dormir sobre un lecho de musgo al pie del árbol. Fue un momento mágico, que recordó a Paul un sueño de su infancia en el que caminaba por un bosque junto con un oso.
Otro dato sobre Paul: no teme la polémica. En el reportaje de este número «Un oleoducto a través del paraíso», él y sus compañeros de la Liga Internacional de Fotógrafos de Conservación abordan la delicada cuestión que supone la construcción de un enorme oleoducto que atravesará el Bosque Lluvioso del Gran Oso. «Aquel oso utilizaba todos los estratos del ecosistema. Iba al estuario, comía hierba, pescaba un salmón en el río y caminaba por el bosque», afirma Paul. El nuevo oleoducto es un capítulo más en la azarosa historia de los osos blancos de Kermode y de los problemas a los que deben enfrentarse.