Editorial

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editorialjuliol2011

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Por Chris Johns, director de National Geographic Magazine

Raíces profundas

El amor por la tierra es un sentimiento muy arraigado en Jim Richardson. Cuando sobrevuela los campos de Cornualles, en el sur de Inglaterra, el fotógrafo siente la atracción de los lugares que cultivaron sus ancestros. Ha visitado incluso el hogar de sus más remotos antepasados celtas, que ya vivían allí antes de que anglos y sajones llegaran a lo que más tarde sería Inglaterra. Sus padres descienden de otros emigrantes que, a su vez, se instalaron en las llanuras de Kansas, donde podían cultivar la tierra a una escala inconcebible en la vieja Inglaterra.

Pero Jim no estaba destinado a seguir la tradición agrícola familiar, sino a documentarla, como muestra el reportaje de este mes sobre la producción de alimentos. El artículo explica que la diversidad de plantas y de razas animales es fundamental para garantizar el suministro, y que disponer de una amplia gama de variedades es la mejor opción frente a enfermedades y sequías.

A Jim le interesa este tema. «El paisaje emocional de mi infancia quedó marcado de por vida por el imperativo de la lluvia –explica– y por unos padres que se preguntaban con frecuencia cuándo iba a llover o qué harían si no llovía. Algunos niños temen un divorcio; yo temía la sequía, lo único capaz de destruir la seguridad de un niño en una granja.» Jim siente un amor profundo por la tierra. Imagínenlo en Etiopía, acercándose a unos hombres que cosechaban la avena a mano. «Estaban cantando. En aquellas tierras una hambruna se había cobrado cientos de miles de vidas, pero sus voces y risas estaban cargadas de júbilo.» Jim Richardson
reconoció un mismo lenguaje telúrico en los cantos de aquellos segadores.
Lejos de Cornualles, y lejos de su Kansas natal.