Editorial

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editorial septiembre

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Por Chris Johns, director de National Geographic Magazine

Puede parecer una locura que un fotógrafo arriesgue su vida repetidas veces en uno de los lugares más convulsos del planeta, pero eso es exactamente lo que hizo Pascal Maitre, autor de esta fotografía de las calles de Mogadiscio (arriba), en sus cinco visitas a Somalia. Este país, sin gobierno estable desde 1991, es probablemente el escenario de la peor crisis humanitaria acaecida en el continente africano, y uno de los destinos más peligrosos para un periodista. Pascal empezó a tomar fotografías en 2002. Entonces estableció los contactos que harían posible el reportaje que publicamos este mes. En 2008 regresó con el autor Robert Draper.
«La primera vez que visité Somalia fue terrible –me contó Pascal–. El país estaba muy mal, pero cuando regresé, la situación era incluso peor. Llegamos a un centro de distribución de alimentos. La gente se alegraba al vernos, y enseguida nos advertía: “no se queden demasiado tiempo; los guerrilleros les dispararán”.» Maitre se quedó, pese al peligro. Acompañado por guardaespaldas, pasó un tiempo en un hospital de Mogadiscio. Los pacientes estaban tan abatidos que apenas tenían fuerzas para llorar. «Sus ojos estaban ya secos. Habían padecido tanto que habían perdido el contacto con la realidad.»
Dar testimonio de semejante sufrimiento requiere compasión y convicción. Por eso Maitre regresó en múltiples ocasiones. «Los somalíes se me acercaban cada día y me preguntaban por qué el mundo los había abandonado. Espero que mis imágenes sirvan de ayuda, aunque sólo sea un poco», dice.