Editorial

Editorial

Por Chris Johns, director de National Geographic Magazine

editorialsetembre2010

editorialsetembre2010

30 de agosto de 2010

Desde que Howard Carter abriera en 1922 la tumba de Tutankamón, el joven faraón no ha dejado de fascinar al mundo. Último heredero de una poderosa familia que gobernó Egipto durante siglos, el rey adolescente cayó en el olvido después de ser enterrado en circunstancias poco claras y a toda prisa, aunque rodeado de oro, de los más exquisitos objetos, más de 5.000, y de un montón de interrogantes que científicos provenientes de distintos ámbitos intentan descifrar.
La arqueología dispone en la actualidad de una herramienta valiosísima para acercarnos a nuestro pasado. La genética, y más concretamente los análisis del ADN extraído de la momia de Tutankamón y de algunos de sus supuestos familiares, ha permitido conocer mejor la realidad de aquel momento crucial de la historia de Egipto y de sus protagonistas. Como afirma Zahi Hawass, director del Consejo Superior de Antigüedades de Egipto, explorador residente de National Geographic y autor del reportaje de este mes «Tutankamón:  secretos de familia», las momias despiertan nuestra imaginación y nuestros sentimientos, y nos conmueven porque en algún momento vivieron y amaron como nosotros. ¿Quiénes fueron el padre y la madre de Tutankamón? ¿Fue el joven faraón fruto de un incesto? ¿Qué problema tenía en el pie izquierdo? ¿Cómo, cuándo y de qué falleció? ¿Tuvo descendencia?
Nuestro joven monarca continúa desvelándonos sus secretos en el laboratorio, mostrándonos, antes de regresar al descanso eterno, el lado más humano del mito que hemos construido en torno a su figura.