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Cubierto de bichos

Cubierto de bichos

Cubierto de bichos

El sueño de un fotógrafo puede convertirse también en su peor pesadilla. Únase a Joel Sartore en Madidi mientras aguarda al mortífero pécari, se saca los bichos de encima y duerme en compañía de murciélagos y torturadoras abejas.

22 nov., mañana... 36 horas de vuelo hasta La Paz. Los oídos tapados. Una hora después enfermo de soroche (la altitud es aquí de unos 3.600 metros). Soldados, metralletas, y perros que olfatean el equipaje en busca de droga. 22 nov., tarde... Vuelo a una pista de aterrizaje de hierba, y luego tres horas en balsa hasta un campamento que será mi hogar durante las tres semanas siguientes. Dos cabañas con el techo de paja, diez guías porteadores, una cocinera, y hace más calor que en el infierno. Empapado en sudor todo el tiempo. Rosa María Ruiz se saca una larva de estro viva de la pantorrilla en la mesa del comedor. "Un boro –dice, y se encoge de hombros-. No es nada." 23 nov. ... Todo tipo de gritos durante la noche. Aves e insectos, me cuentan. Hay tantas especies que cada una ha desarrollado un reclamo especializado. Una de las aves suena como agua que se derrama de una botella. Otra, como la alarma de un despertador digital. Los lugareños dicen que a las palmeras de aquí les crecen patas y caminan para encontrar más luz solar. 27 nov. ... En el pueblo visitamos a una mujer que se llama Palmira y lleva seis semanas postrada en la cama por la picadura de una pastinaca. Lea el artículo completo en la revista.