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Cuba

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La Revolución cubana envejece, tal vez se suaviza, pero sigue dominando en esta nación caribeña. Dispuestos como siempre a resaltar sus logros bajo el socialismo, los cubanos reconocen ahora el poder creciente del dólar en su país.

El sendero de montaña era resbaladizo y accidentado, con rocas, lluvia y barro. Me introdujo en un mundo fresco, brumoso, muy diferente de las llanuras bañadas por el sol que se extendían a mis pies. Este camino conducía a La Plata, el campamento de montaña donde, en 1958, Fidel Castro planeó los últimos ataques guerrilleros contra el ejército del presidente Fulgencio Batista.Me acompañaba Rubén Araujo Torres, de 60 años, un hombre bajito y fornido con el sombrero de paja campesino. En su día se había unido a la causa de Castro, cogiendo medicamentos y jabón de escondites secretos, canjeándolos por comida a los campesinos y llevando luego las provisiones a la guerrilla en su aguilera. "Era peligroso. Había soldados por todas partes." Le pregunté por qué se había unido a Castro. "Unos amigos me dijeron: “Vamos, ven con nosotros”. Sabía que los otros tipos se dedicaban a incendiar y matar, así que les seguí." Rubén acabó en el bando vencedor; desde estas montañas, la sierra Maestra, Castro y sus combatientes quebraron el ánimo del ejército de Batista.Lea el artículo completo en la revista.