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Cuando todo floreció

Cuando todo floreció

Cuando todo floreció

Hace 130 millones de años, en el cretácico, aparecieron sobre la faz de la Tierra las angiospermas, llenando el mundo de color y convirtiéndose en la fuente nutricional básica del hombre. Pese a la ventaja de 200 millones de años que les llevaban helechos y coníferas, las plantas con flores colonizaron nuevos terrenos y evolucionaron más rápidamente que sus rivales. Atraídos por el misterioso perfume de su origen, los paleobotánicos estudian cuál fue la gran innovación de las angiospermas, cuya aparición representa uno de los grandes momentos en la historia de la vida en el planeta.

En el verano de 1973 aparecieron girasoles en el huerto de mi padre. A mí, que sólo tenía seis años, al principio me molestaron aquellas plantas extravagantes, cuyas extrañas y llamativas flores parecían totalmente fuera de lugar entre las respetables judías, pimientos, espinacas y demás hortalizas que siempre habíamos cultivado. Pero poco a poco, el brillo de los girasoles me cautivó. Sus flameantes coronas aliviaban la verde monotonía que dominaba el huerto al final del verano. Me maravillaban los pajarillos que se colgaban de los desgreñados discos dorados, cabeza abajo y batiendo las alas, para darse un buen atracón de pipas. Aquel verano, los girasoles se convirtieron para mí en la quintaesencia de las flores, y cambiaron mi visión del mundo. De hecho, las flores empezaron a cambiar el aspecto del mundo desde que aparecieron sobre la faz de la Tierra hace unos 130 millones de años, durante el cretácico, un período relativamente reciente en términos geológicos. Si fuera posible comprimir toda la historia de la Tierra en una hora, las plantas con flores sólo habrían existido en los últimos 90 segundos. Lea el artículo completo en la revista.