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Chang Tang

Chang Tang

Chang Tang

Cuatro experimentados montañeros parten hacia los remotos terrenos de cría del chiru, el amenazado antílope tibetano, situados en lo más recóndito de la desolada meseta tibetana de Chang Tang. Esta misión sería la última para uno de los componentes del equipo, el carismático fotógrafo Galen Rowell.

Dos horas antes del amanecer abro la cremallera de la tienda y me asomo al exterior. El haz de mi linterna frontal ilumina quince centímetros de nieve. Anoche, con el terreno despejado, mis compañeros y yo decidimos que hoy nos pondríamos en marcha temprano. Queríamos arrastrar el mayor trecho posible los rickshaws de aluminio cargados con el equipo antes de que el sol convirtiera el suelo firme en barro blando. Ahora ya no importa: avanzar sobre la nieve será igual de difícil. Me digo a mí mismo que la tenacidad es más fácil cuando no tienes alternativa. Mientras salgo del saco de dormir para ponerme el pantalón, evalúo nuestro cometido.Hemos cubierto cinco días de una caminata de treinta a través de la meseta septentrional de Chang Tang, en el Tibet, una vasta estepa alpina tan despoblada que no esperamos ver un solo ser humano en más de 300 kilómetros. Este territorio es tan alto y desolado –el promedio es de unos 5.000 metros de altitud– que ni siquiera se aventuran en él los drokpa, unos nómadas de piel curtida originarios del Tibet occidental.Lea el artículo completo en la revista.