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Barcelona

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Un americano descubre esa mezcla de sentido común y sana locura que ha hecho de esta ciudad española un gran centro económico y un escaparate internacional.

Insólitas construcciones vivientes, los catalanes las llaman castells, castillos. Pero no se trata de los típicos castillos de España. Éstos están formados por hombres, no por piedras. Las personas que ejecutan tan ágil alarde de equilibrio se denominan castellers, y ver cómo cobran forma sus torres es observar un prodigio de colaboración humana. Primero los castellers configuran una especie de gigantesca mélée de rugby, lo que los catalanes llaman la pinya. Son los cimientos del edificio. Detrás, otros participantes ejercen presión, formando unos bastiones sobresalientes de músculos que empujan hacia dentro: son los contrafuertes del castillo. Luego, unos castellers fornidos pero más ligeros trepan por la espalda del grupo de la base y se plantan, descalzos, sobre sus hombros, para soportar el peso de unos terceros. Y así sucesivamente, añadiendo cada vez un nuevo piso a la fortificación.Lea el artículo completo en la revista.