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Auroras

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Auroras

El actual ciclo solar alcanzó el punto máximo de actividad en 2000 y se prevé que producirá auroras durante los próximos dos años. Con suficiente carga eléctrica para perturbar el funcionamiento de los sistemas de satélite en la Tierra, las auroras deleitan a científicos y espectadores con sus brillantes "fuegos de artificio atmosféricos".

Toda la bóveda del cielo nocturno estaba inundada de color: cascadas verde amarillentas y soflamas carmesíes emanaban de un punto más oscuro, allá en lo alto. A medida que caían en amplios rayos, se desplazaban y variaban de brillo, a veces intenso en un lugar, primero frío, luego cálido. Era como contemplar el corazón de una flor de gloriosa luz, cuyos pétalos temblaran bajo una brisa intangible, un aliento de otro planeta. Aquella aurora encendió la noche en mi pueblo de los Highlands escoceses hace más de diez años, pero aún hoy veo sus formas y colores. Aunque lo mejor del espectáculo duró apenas una hora, sus ecos tardaron en desvanecerse. Parecía un número de magia, cuyo truco conocía la ciencia: partículas cargadas eléctricamente procedentes del Sol hacían brillar los gases de las altas regiones atmosféricas. A miles de kilómetros de distancia, en Alaska, aquella aurora también llamó la atención de Charles Deehr, un físico del Instituto Geofísico de la Universidad de Alaska en Fairbanks. "El espectáculo del 13 al 14 de marzo de 1989 fue uno de los mejores de los últimos 50 años", recordaba cuando le visité en marzo de 2001, durante la actual fase de intensa actividad auroral. Lea el artículo completo en la revista.