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Al margen de la gravedad

Al margen de la gravedad

Al margen de la gravedad

Hemos llegado al fin al año que alcanzó la fama gracias a Arthur C. Clarke, creador junto a Stanley Kubrick de una de las obras maestras del cine de ciencia ficción, 2001: una odisea del espacio. Clarke, escritor y presidente de la Sociedad Interplanetaria Británica durante casi un decenio, saluda la llegada del tercer milenio, el siglo de la auténtica era espacial.

Un fin de semana de 1939, poco antes de que estallara la segunda guerra mundial, los visitantes del Museo de la Ciencia de Londres quizá repararan en una docena de jóvenes que, mediante un sistema de espejos rotatorios, contemplaban un disco giratorio a unos metros de distancia. Sobre sus cabezas pendía el Flyer, biplano construido por los hermanos Wright en 1903, pero sus miras estaban puestas en algo más ambicioso que los vuelos en la atmósfera. Creían que algún día sería posible viajar a otros mundos y se habían propuesto diseñar el equipo necesario para llevar a cabo la aventura.Hoy, yo soy el único superviviente de aquel reducido grupo de miembros de la Sociedad Interplanetaria Británica. Y si bien ninguno de nosotros podía adivinar que sólo faltaban 30 años para el primer alunizaje, ya intuíamos los problemas que podían surgir durante el viaje. Uno de ellos –planteado ya por Julio Verne en 1865 en De la Tierra a la Luna– era el de la ingravidez que sufrirían los ocupantes de la nave durante la mayor parte del tiempo. Lea el artículo completo en la revista.