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Afganistán, entre la guerra y la paz

Afganistán, entre la guerra y la paz

Afganistán, entre la guerra y la paz

Dos años después de la caída de los talibanes, la nación sigue viviendo una situación precaria. Un cuarto de siglo de guerras, cuatro años de sequía y la destrucción causada por terremotos hacen de Afganistán un país devastado, cuya economía depende en gran medida de la ayuda exterior y del tráfico ilegal de opio. Pese a todo, muchos afganos son conscientes de que ésta es su gran oportunidad para conseguir la paz y la estabilidad.

Una nieve húmeda y persistente alfombraba el mercado mientras los vocingleros aldeanos, resbalando en el barro con sus zapatos de plástico, descargaban comida, herramientas y otros productos básicos de las furgonetas todoterreno que cubren la angosta carretera que une la ciudad afgana de Jalalabad con la provincia nororiental de Nuristán. La nevada era tan intensa que no se veían las cumbres del Hindu Kush, cuyas laderas pobladas de cedros se yerguen imponentes sobre las viviendas de tejado plano construidas con madera y piedra. Era principios de noviembre del pasado año en Paprok, una pequeña localidad comercial situada en la tumultuosa cabecera del río Nuristán. Durante una semana, las tierras de Paprok y de buena parte del resto de Afganistán se habían saturado de lluvia y, en las regiones más altas, de nieve, lo que significaba un grato respiro tras cuatro años de sequía. "Esto es exactamente lo que necesita el país –declaró Mohammed Ali, director de desarrollo comunitario de la organización británica Afghanaid–. Pero se tardará mucho más, tal vez dos estaciones, en romper el ciclo seco." Lea el artículo completo en la revista.