La fascinación de Oriente en imágenes

En 2017 cumplimos 20 años en España y aprovechamos la ocasión para recorrer el mundo oriental con la mirada de uno de los fotógrafos más importantes de National Geographic: Michael Yamashita

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Michael Yamashita

6 de julio de 2017

Cuando empecé a disparar una cámara, nunca pensé que la fotografía acabaría siendo el trabajo de mi vida. Mi curiosidad por el mundo y mi pasión por viajar creció hasta convertirse en una forma de vida permanente. Ahora, cuando echo la vista atrás, no puedo imaginarme ha­ciendo otra cosa. Mi carrera comenzó de hecho en la universidad. Después, durante una ampliación de mis estudios en Londres, compré una vieja motocicleta y, con una mochila y una Nikon prestada, me fui a Túnez, donde mi hermana trabajaba como traductora.

Experimentar aquel paisaje exótico bañado por la luz norteafricana prendió la llama de mi obsesión por viajar y tomar fotografías. Después de graduarme fui a Japón, un viaje hacia mis raíces para conocer mejor el país de mis abuelos. Allí compré mi primera cámara y me apunté en un club de fotografía de Tokio, para conocer gente y practicar mi japonés. Un director de arte vio algunos de mis trabajos y me hizo el primer encargo profesional.

Después me lancé a explorar el resto de Asia, viviendo en un velero en Singapur y navegando por el mar de la China Meridional. Siete años más tarde regresé a Estados Unidos, mi país natal, y fui directo a la sede de National Geographic. No me prometieron nada, pero me cargaron de ca­­rretes de película y me pidieron que volviera con una historia.

37 años de fotografías para National Geographic

Esto fue hace 37 años, y desde entonces he regresado una y otra vez a la Geographic con distintos reportajes.

Me fascinan los grandes periplos de viajeros legendarios como Marco Polo o el navegante chino Zheng He, no solo por la dosis de aventura que entrañan sus historias, sino también por el reto que supone retratar lugares y culturas antiguos con una mirada moderna, contar una vieja historia de una forma nueva. Siempre digo que a los fotógrafos se nos paga por tener suerte, y uno de mis primeros viajes, un recorrido por el Mekong desde su nacimiento en China hasta su desembocadura en Vietnam, me demostró que estaba en lo cierto.


Como joyas escondidas, las ciudades y los pueblos del curso alto del río habían permanecido aislados del mundo desde la Revolución china de 1949. Camboya, Laos y Vietnam también habían estado cerrados a cal y canto por la guerra y la política, pero en 1989 las tensiones empezaron a aflojar y pude realizar un viaje que ningún fotógrafo había hecho jamás.

Bajando el curso del río a través de seis países distintos, conocí culturas y modos de vida aún no desvirtuados por el turismo y el mercantilismo del mundo moderno. Mi experiencia del Mekong también me trajo suerte en mi vida personal: en Vietnam mi mujer y yo adoptamos a nuestra hija.

En el año 2000, el desafío de seguir las huellas de Marco Polo tuvo como objetivo un reportaje que pretendía responder la pregunta de si el célebre viajero fue realmente a China, una cuestión planteada por el historiador Frances Wood.

Viajé con el texto de Marco Polo como guía, y encontré y documenté lugares y situaciones descritos por el veneciano que no habían sufrido ningún cambio desde sus viajes en el siglo XIII. También obtuve una autorización sin precedentes para acceder a zonas de Afganistán e Iraq antes de que fueran destruidas o cerradas por la guerra posterior al 11-S.

Me fascinan los reportajes que indagan en la tradición y el pasado, y este es el motivo por el que he permanecido tanto tiempo en China. Trabajar en ese vasto territorio supone un sinfín de retos y sorpresas, incluidas las buenas fotografías. Pasé un año documentando la Gran Muralla: deseaba ir más allá de los aspectos más conocidos, derribar muchos de los mitos que rodean a esta antigua fortificación y mostrarla como una parte viva de la historia.

Asia, una segunda casa para Yamashita


En Asia me siento como en casa. Ante los cambios vertiginosos que allí se suceden, busco la belleza permanente en el mundo natural, para mostrar la naturaleza tal como es y tal como espero que sea siempre.

Antes de embarcarme en un trabajo, intento componer en mi mente las imágenes de un reportaje. Hace falta mucha investigación para saber qué buscas. Cuando ya tengo mi «lista de fotos», empieza la caza. A veces esto supone horas de caminata o un día entero aguardando a que se levante la niebla de una montaña. Puede requerir volver muchas veces a un sitio solo para captar la luz precisa del amanecer.

Con los cambios actuales, los fotógrafos debemos pensar más allá de las páginas de una revista o de la pared de una galería de exposiciones y abrazar los nuevos medios de comunicación y las nuevas tecnologías. Pero hay algo en la fotografía que no cambiará nunca: la capacidad que tiene una imagen de explicar una historia.

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