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A la sombra de los Andes

A la sombra de los Andes

A la sombra de los Andes

Un ecuatoriano viaja por un territorio que le resulta familiar, la espina dorsal de América del Sur, y explora las formas de vida de los lugareños, cuya existencia está condicionada por esta gran cordillera que divide el subcontinente de norte a sur.

Nací en los Andes, en la ciudad colonial de Cuenca, en Ecuador. Estas montañas son mi hogar, mi compañero de infancia. Para quienes crecimos en ellas, están vivas. Hay que escucharlas, sentirlas, acercarse a ellas sin máscaras ni pretensiones. A veces nos dan la bienvenida, nos acogen; otras, se engalanan de furia y nos piden que nos marchemos. No son sagradas, simplemente nos recuerdan que somos diminutos y frágiles, y que el mundo está en permanente transformación. Pero es la vida de millones de indígenas, blancos, negros, mestizos y mulatos la que dejó su huella en ese dramático mundo natural, forjando un continente de tristeza, magia e irrefrenable esperanza. Las experiencias adquiridas en los Andes me hicieron comprender que mis lazos ancestrales se extienden a todas las partes del continente, unido éste por la historia, el idioma y la religión del conquistador. Pero por cercanos que nos sintamos los sudamericanos entre nosotros, también nos sabemos diferentes. Las montañas son barreras que han propiciado el florecimiento de culturas diferentes en distancias cortas. Lea el artículo completo en la revista.