¡Qué vida, la de los soldados de Napoleón!

imagen

imagen

El enigma de los cadáveres hallados en una fosa común de Vilna.

Fue en 2001 cuando, durante los trabajos de una excavadora en un barrio de Vilna, la capital de Lituania, unos operarios descubrieron por casualidad una inmensa fosa colectiva en la que, dispuestos de cualquier forma, se amontonaban 3.269 esqueletos humanos, todavía con los restos de una vestimenta y un calzado de aspecto claramente militar. Aunque la primera suposición de las autoridades fue pensar que se trataba de víctimas de la represión estalinista y de las purgas perpetradas en los territorios bálticos durante el dominio soviético, unos botones adheridos a esos trajes centenarios revelaron que aquellos hombres eran de una época anterior. Habían muerto en 1812 y eran miembros de aquella Grande Armée napoleónica que invadió Rusia y tomó Moscú, pero que luego fue diezmada en su retirada a causa del riguroso invierno ruso, las enfermedades y el hostigamiento de los cosacos. Seis meses después de su partida, de los 675.000 soldados que bajo las órdenes de Bonaparte marcharon a la conquista de Rusia apenas quedaban unos 40.000 que, tras la deblacle, intentaban batirse en retirada. Un equipo de investigadores dirigidos por el arqueólogo Rimantas Jankauskas, de la Universidad de Vilna, desenterró los cuerpos y concluyó que la mayoría de ellos eran hombres, menos una veintena de mujeres muy jóvenes.

Sin embargo, la causa exacta de su muerte no se ha sabido hasta hace unos días. Dos estudiantes de antropología de la Universidad Central de Florida, Serena Pelier y Samantha Holder, han aportado nuevos datos al estudio de algunos restos óseos dirigido por la bioarqueóloga Tosha Dupras, experta en ciencia forense. Pelier analizó isótopos de oxígeno en busca del origen geográfico de aquellos desdichados (los isótopos pueden variar según se formen en una u otra área geográfica), y concluyó que ninguno era originario de la actual Lituania. Con toda probabilidad procedían del centro y oeste de Europa, y algunos tal vez de la península Ibérica. A su vez, Holder trató de averiguar qué comían, mediante el estudio de los isótopos de nitrógeno (que aportan datos sobre proteínas) y los de carbono (que revelan información sobre el porcentaje de carbohidratos en la dieta del individuo). Al parecer, se alimentaban de plantas y mijo. Pero, de la altísima cantidad de isótopos de nitrógeno hallada dedujo que, en realidad, apenas comían: cuando el organismo se ve privado de proteínas, los índices de nitrógeno suben, algo habitual en las personas que sufren, entre otras cosas, de anorexia. Así que todo apunta a que murieron de inanición. ¡Qué vida, la de los soldados de Napoleón!


cuadro

Las tropas de Napoléon cruzan el río Niemen en 1812 durante el avance hacia Moscú. Aguatinta a partir del dibujo de un oficial, 1816.
Foto: Stapleton/AGE Fotostock

Arriba, una investigadora examina uno de los esqueletos pertenecientes a los soldados de Bonaparte hallados en Vilna, Lituania, en 2001.
Foto: Petras Malukas/GettyImages