Oro regio

oro

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2 de enero de 2015

Cuando Tutankamón recibió sepultura en Egipto en torno al año 1322 a.C., entre los tesoros que llenaban su tumba se depositaron dos carros dorados de una ornamentación excepcional. Estos vehículos eran las limusinas de la época, y estaban reservados para desfiles y eventos especiales. Poco después de que el arqueólogo Howard Carter encontrase en 1922 la última morada del faraón adolescente, los carros se expusieron al público en el Museo Egipcio de El Cairo, pero las piezas de oro que decoraban las guarniciones de cuero acabaron en un almacén.
Después de tantos años en el olvido, por fin se presta atención a estas piezas, que están siendo estudiadas y restauradas en el marco de un proyecto germano-egipcio. Los expertos trabajan en el oro y el cuero para desentrañar el significado de los grabados.
En esta pieza (izquierda) –probablemente procedente de la tapa del estuche de un arco– se distinguen un perro y un mítico animal alado que atacan un íbice. «No es un motivo muy habitual en Egipto», dice Christian Eckman, experto en metales del proyecto. Él y sus colegas buscan pistas que delaten dónde se fabricó; tal vez en la región de Siria, donde estos diseños eran comunes, o quizás en el mismo Egipto, sobre diseños importados.