Zaratustra, el profeta del fuego

Hace 3.000 años surgió en Persia una fe que explicaba la lucha del Bien contra el Mal y le fue revelada a un profeta: Zaratustra

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AXI-12318816. Templo del fuego de Ateshgah

Templo del fuego de Ateshgah

Cerca de Baku, la capital de Azerbayán, se alzan los restos de un templo zoroastriano construido por mercaderes indios entre los siglos XVII y XVIII. El fuego que arde en su altar central está alimentado por gas.

Foto: Peter Langer / Age Fotostock

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ESY-024736451. Tumbas de Nasq-e Rostam

Tumbas de Nasq-e Rostam

El dios Ahura Mazda, representado en los dinteles, protege las tumbas de los reyes aqueménidas y sasánidas excavadas en la roca.  

Foto: Leonid Andronov / Age Fotostock

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album alb1514005. Plato sasánida de plata. Siglo V. Museo Británico, Londres

Plato sasánida de plata. Siglo V. Museo Británico, Londres

En el siglo VII d.C. los árabes conquistaron el Imperio sasánida y empezaron a perseguir el zoroastrismo. Éste se extendió hasta zonas tan lejanas como China.

Foto: Dea / Album

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3061379. Zoroastro y el fuego

Zoroastro y el fuego

En un manuscrito alquímico de 1738, Clavis Artis, aparece esta representación de Zaratustra con una salamandra, animal relacionado con el fuego. En realidad, el fuego en la práctica religiosa zoroastriana es un símbolo de la luz que representa los principios esenciales de su religión: la luz que disipa las tinieblas de la ignorancia.

Foto: Bridgeman / Aci

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F211E1. El fuego, principio de todo

El fuego, principio de todo

En el zoroastrismo, el ritual ocupa un lugar central en el culto, así como la meditación ante el fuego, símbolo de espiritualidad y de pureza. En la imagen, altar del fuego en el templo de Ateshgah, en Azerbayán. 

Foto: Julien García / Alamy / Aci

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album akg1642499. Templo del fuego de Ateshgah. Grabado de Le tour du monde. París, 1860.

Templo del fuego de Ateshgah. Grabado de Le tour du monde. París, 1860.

El culto al fuego

El papel central que asume el fuego en los templos zoroastrianos ha llevado a que popularmente se defina a los seguidores de esta religión como "adoradores del fuego"; de hecho, uno de los problemas más serios que han tenido las comunidades zoroastrianas en zonas de mayoría islámica es que han sido acusadas de idólatras por ese motivo. En realidad, el fuego en la práctica religiosa zoroastriana es un símbolo de la luz que representa los principios esenciales de su religión: la luz que disipa las tinieblas de la ignorancia, la representación simbólica de la justicia y el orden ritual, el fuego cósmico de la Creación y el fuego destructor que pondrá fin a todo lo creado para restaurar un orden perfecto.

Así pues, situarse delante de la llama recitando una plegaria representa un modo de contemplar la naturaleza de lo creado por la divinidad. Hoy en día existen tres grados de fuego que dan lugar a tres tipos distintos de templos, de mayor a menor importancia; el templo con el fuego de mayor nivel debe ser atendido por un sacerdote dastur (sumo sacerdote zoroastriano), mientras que el de menor nivel no está consagrado y puede ser preservado por un laico.

Foto: AKG / ALBUM

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aci editorial 6637991. Vaso de Anahita (Vaso sasánida)

Vaso de Anahita (Vaso sasánida)

Ahura Mazda destinó a esta diosa, personificación del planeta Venus, a velar por la Creación. Para que Zaratustra aparezca en este mundo son necesarios tres elementos: primero, un cuerpo material; segundo, su alma preexistente o fravashi, originada antes de la creación del tiempo finito, y, por último, un elemento llamado xhvarǝna que conecta entre sí a todos los Saoshyants o Salvadores

Foto: Bridgeman / Aci

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GettyImages-520240708. Torres del silencio en Yazd

Torres del silencio en Yazd

En esta necrópolis situada a las afueras de la ciudad iraní de Yazd se alzan las torres del silencio, un lugar donde los zoroastrianos depositaban los cadáveres de sus fieles para que fueran devorados por las aves. Así podían liberar el alma del cuerpo.

 

Foto: José Fuste Raga / Getty Images

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GettyImages-470431558. Santuario Chak Chak

Santuario Chak Chak

Situado en una cueva iraní, este lugar reúne a zoroastrianos de todo el mundo durante una semana de junio. Los fieles rezan en recuerdo de una princesa persa del siglo VII que huyó de la invasión árabe.

Foto: Kuni Takahashi / Getty images

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A5J89R. Vaso de plata zoroastriano

Vaso de plata zoroastriano

El zoroastrismo en la actualidad

Hoy en día, los zoroastrianos se reparten en tres grandes grupos según su ubicación geográfica: Irán, India y la diáspora. Irán es la patria originaria de la religión, pero la islamización del país, que comenzó con la conquista árabe en 651, sumada a la fuerte represión y discriminación que los nuevos gobernantes impusieron a las comunidades zoroastrianas, dio lugar a un éxodo hacia la costa occidental de la India, una zona más tolerante. Allí se asentaron muchos zoroastrianos que –por su origen persa– reciben el nombre de parsis. Los parsis crearon comunidades urbanas que prosperaron mucho durante la dominación británica.

Sin embargo, la prohibición zoroastriana de hacer proselitismo y de casarse con miembros de otras religiones ha provocado un gran descenso del número de miembros de la comunidad. Se calcula que ahora son unos 70.000, a los que habría que sumar casi otros tantos en la diáspora. Los parsis constituyen la base de la prosperidad económica de Mumbai (Bombay), la capital financiera de la India, y forman una clase culta, occidentalizada y famosa por sus obras de caridad. En Irán, tras la revolución islámica de 1979, la situación de los zoroastrianos, unos 30.000, se ha estabilizado desde el punto de vista político.

Foto: Dinodia / Alamy / Aci

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EXY24Y. Templo del fuego de Ateshgah, en Azerbayán

Templo del fuego de Ateshgah, en Azerbayán

Ceremonias y rituales mazdeístas

1. Los lugares del culto

Durante el período aqueménida, el culto se llevaba a cabo al aire libre, como cuenta Heródoto. En torno al siglo I d.C. se crearon templos donde los sacerdotes mantenían una llama perpetua, tal y como refiere Estrabón. Desde el período parto y durante el Imperio sasánida, los zoroastrianos crearon auténticos templos, con una plataforma donde se mantiene un fuego dentro de una urna; los zoroastrianos rezan mirando su luz.

2. Los sacerdotes

En la religión tradicional irania, los sacerdotes eran llamados magos. Como guardianes de la comunidad y el fuego del templo, asumieron el estudio y la transmisión oral del Avesta y sus comentarios, y el mantenimiento del código ético de la comunidad, lo que les capacitó para resolver conflictos legales. Hoy se dividen en tres niveles: el ervad (entre los parsis de la India) o herbad (en Irán), el mobed y el dastur, el nivel más alto. 

Foto: Eddie Gerald / Alamy / ACI

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180369. Altar de fuego. Moneda acuñada por el rey parto Vahbarz. siglo ii a.C

Altar de fuego. Moneda acuñada por el rey parto Vahbarz. siglo ii a.C

Rituales y ceremonias mazdeístas

3. Las ceremonias

Han variado a lo largo de la historia. Hoy, el centro de la vida ritual es la plegaria, ya sea en el templo, en casa o al aire libre, aunque hay ceremonias que reúnen a toda la comunidad y en las que se recitan pasajes del Avesta (en particular, de los Gathas). Una de las más importantes es la imposición del kusti, un cordón blanco que simboliza la mayoría de edad ritual para el adepto y su vinculación con la fe de sus mayores.

4. Rituales funerarios

La creencia en un juicio para el alma y una recompensa o un castigo según la actuación en vida determinan el papel esencial de las ceremonias funerarias. Los cadáveres no debían contaminar la Naturaleza, por lo que la cremación o la inhumación quedaban excluidas. Esto llevó a usar las torres del silencio, estructuras circulares de piedra donde se exponían los cadáveres para que fueran devorados por las aves carroñeras.

5. La bebida sagrada

El haoma ocupa un papel central en la liturgia desde tiempos remotos. Se prepara en el principal ritual zoroastriano, el yasna: se extraen dos líquidos, el primero se obtiene mezclando tres ramas de efedra y una de granada, hojas de granada y agua; en el segundo, el agua se sustituye por leche. Los participantes consumen unas gotas de haoma, bebida que para los zoroastrianos modernos asume todas las capacidades curativas.

Foto: BRIDGEMAN / ACI

Juan Antonio Álvarez-Pedrosa Núñez

13 de noviembre de 2017

Existió en realidad Zaratustra? Y, de ser así, ¿quién fue? La respuesta a estas preguntas no es fácil, y ha ido cambiando a lo largo de las últimas décadas. Para la religión que conocemos como zoroastrismo o mazdeísmo, Zaratustra –o Zoroastro, como lo llamaron los griegos– es su fundador, y su dogma principal se basa en la relación entre la divinidad suprema, Ahura Mazda ("Señor Sabio"), y su profeta, Zaratustra. Para los seguidores de esta religión no hay ninguna duda: Zaratustra fue un personaje real.

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A mediados del siglo XIX, los primeros estudiosos del zoroastrismo en Europa asumieron esta idea y propusieron que Zaratustra había sido una especie de reformador de la religión ya existente en Irán, que tendría los rasgos típicos de otras religiones del ámbito indoeuropeo; uno de ellos sería el sacrificio cruento de animales, que Zaratustra habría suprimido. Por otra parte, para estos autores la predicación de Zaratustra habría generado tanto el primer monoteísmo de la historia como la primera religión de salvación, con la promesa de la victoria del Bien sobre el Mal y una vida plena en el Más Allá.

¿Existió Zaratustra?

Se supuso que Zaratustra habría vivido en un espacio geográfico que hoy en día se reparte entre Afganistán, Tayikistán, Uzbekistán y Turkmenistán

¿De dónde provenía el fundador del mazdeísmo? Según la tradición, Zaratustra plasmó la esencia de su religión en los himnos llamados Gathas, la parte más antigua del conjunto de libros más venerado del zoroastrismo, el Avesta. Como la lengua en la que están redactados los Gathas se corresponde con un dialecto oriental del iranio, se supuso que Zaratustra habría vivido en un espacio geográfico que hoy en día se reparte entre Afganistán, Tayikistán, Uzbekistán y Turkmenistán. Más difícil es establecer la fecha en la que vivió Zaratustra. Ésta oscilaría entre los que proponen que los Gathas fueron compuestos entre 1600 y 1200 a.C. y los que dan credibilidad a algunos autores griegos y sitúan su existencia un poco antes de la creación del Imperio persa aqueménida, en torno a 620-550 a.C.

En definitiva, hasta finales del siglo XX se consideraba que Zaratustra había sido un personaje histórico que habría comenzado una nueva religión en contraposición a la religión tradicional indoirania. Por tanto, Zaratustra sería una figura revolucionaria, comparable a otros fundadores de grandes religiones como Buda, Jesús de Nazaret o Mahoma.

Pero en los últimos veinte años algunos autores han rechazado esta idea; para ellos, en los textos antiguos no hay pruebas de que Zaratustra existiese. Según esto, el profeta sería una figura mitológica, una especie de creador mítico de una tradición religiosa, y en él debemos ver más bien la imagen ideal del hombre en relación con la divinidad. Sea como sea, todo el mundo está de acuerdo en una cosa: las noticias que tenemos sobre la vida de Zaratustra son mitológicas.

Nuestro conocimiento de su vida procede sobre todo del libro VII del Denkard (Hechos de la religión), del siglo X. Está escrito en pahlavi, una lengua irania en la que se escribió otra fuente de información: Vizidagiha i Zadspram, (Antología de Zadspram), compuesta por un sacerdote de este nombre en el siglo IX.

Zaratustra aparece en el marco de un relato característico del zoroastrismo: la historia de la Creación narrada como una sucesión de milenios

Zaratustra aparece en el marco de un relato característico del zoroastrismo: la historia de la Creación narrada como una sucesión de milenios. La narración dice que a los tres mil años de la creación del tiempo finito, Ahura Mazda y Angra Mainyu o Ahrimán, los líderes del Bien y del Mal, respectivamente, pactaron que su combate durase nueve mil años; seis mil años después de dicho pacto nacerá Zaratustra y tendrá lugar la revelación que aportará la Buena Religión (la de Ahura Mazda) a los hombres. Por fin, tres mil años después del nacimiento de Zaratustra aparecerá el último de una sucesión de tres Saoshyants o Salvadores, hijos póstumos del profeta. Como los dos anteriores, el último luchará contra el Mal, que amenaza la Creación, y logrará una completa victoria: el sol brillará durante treinta días seguidos y después tendrán lugar la última batalla contra los espíritus malignos, los daevas, la resurrección de los muertos y el juicio final presidido por Isatvastra, el hijo mayor de Zaratustra.

Un nacimiento prodigioso

Para que Zaratustra aparezca en este mundo son necesarios tres elementos: primero, un cuerpo material; segundo, su alma preexistente o fravashi, originada antes de la creación del tiempo finito, y, por último, un elemento llamado xhvarǝna que conecta entre sí a todos los Saoshyants o Salvadores, una especie de fuerza mística cuyo nombre podemos traducir como "gloria" o "prosperidad".

La historia de la concepción milagrosa de Zaratustra es una alegoría del ritual sagrado del haoma, el jugo de una planta mezclado con leche y agua en torno al que se desarrollaba la ceremonia más importante de la religión irania. Según el mito, la xhvarǝna procedente de las estrellas se transmite mediante el fuego a Dugdhow, la madre de Zaratustra. Ésta ordeña dos novillas que también han recibido milagrosamente la xhvarǝna en su cuerpo, y luego mezcla la leche con la planta del haoma. Por obra de Ahura Mazda, en esta planta se ha insertado la fravashi, el alma preexistente del profeta. Dugdhow bebe junto con su marido Purushasp dicha mezcla y se produce así la concepción de Zaratustra.

El carácter prodigioso del recién nacido se manifiesta enseguida con un hecho inusual: ríe al nacer

A causa de la fravashi contenida en su vientre, Dugdhow emite una luz sobrenatural tres días antes del parto, lo que pone en aviso a todos los hechiceros y demonios servidores del Mal; para contrarrestar su ataque, Ahura Mazda envía a su auxiliar Vohu Manah, "el Buen Pensamiento". El carácter prodigioso del recién nacido se manifiesta enseguida con un hecho inusual: ríe al nacer. Esta leyenda no sólo se conserva en las fuentes pahlavis, sino que también la ha transmitido Plinio el Viejo en su Historia natural, donde cuenta que sólo un hombre, Zoroastro, ha reído en el momento de nacer, y añade que su cerebro palpitaba de manera prodigiosa.

A partir de ese momento, el mito es una sucesión de combates entre el niño Zaratustra y los servidores del Mal, liderados por el hechicero Durasraw. Éste convence al padre del niño, Purushasp, para que lo queme sobre una pira, lo coloque en un camino estrecho por donde pasan las vacas, lo abandone en el sendero por donde van los caballos para abrevar y lo meta en la madriguera de una loba; en todos los casos, Zaratustra se salva gracias a la intervención divina.

Predicación y muerte

Cuando Zaratustra cumple treinta años (la edad en que, según la Biblia, Jesús comenzó a predicar) tienen lugar las siete entrevistas con Ahura Mazda a orillas del mítico río Daiti. El dios le revela los conocimientos de la Buena Religión, sobre todo aquellos que tienen que ver con el juicio de las almas de los hombres, el premio y el castigo para las buenas y malas acciones, y la purificación del mundo cuando los montes se derritan por el fuego y tenga lugar la resurrección de los cuerpos.

El momento más importante de la vida de Zaratustra fue la conversión del rey Vishtaspa

Aquí comienzan la vida pública y la misión de Zaratustra, que en sus diez primeros años resultan ser un completo fracaso: sólo consigue un converso, su primo Medyomah. Además, es objeto de la hostilidad de Angra Maniyu, el líder del Mal, que le envía una legión de demonios o daevas. Pero Zaratustra los derrota hasta el punto de que ya no pueden moverse de manera visible por la tierra. La fuerza de su victoria reside en la recitación de la plegaria más sagrada de los Gathas: la fórmula "Ahuna Vairya", que resulta ser el talismán más poderoso contra los demonios.

Entonces tiene lugar el momento más importante de la vida de Zaratustra, que es la conversión del rey Vishtaspa, un soberano que se convierte en patrono y protector de Zaratustra. Da la casualidad de que Vishtaspa es también el nombre de un personaje histórico, el padre del rey persa Darío el Grande. Sin embargo, la conversión de Vishtaspa tiene todos los ingredientes de un episodio mítico: los hechiceros de su corte le impulsan a torturar a Zaratustra, tormentos de los que sale victorioso; al final, el profeta cura milagrosamente las cuatro patas del caballo alazán del rey, lo que inclina la balanza a su favor. A partir de entonces comienza el período en el que la revelación de la Buena Religión se convierte en algo efectivo y Zaratustra se dedicará a difundirla hasta que muera, a los 77 años. Sólo una pequeña nota de un comentario cuenta que fue asesinado por un hechicero mientras realizaba un acto de culto.

La fe de Zaratustra y la confianza en Ahura Mazda perduraron en Irán durante siglos: en las tumbas de los soberanos aqueménidas, en los relieves de los reyes partos y en las representaciones de los monarcas sasánidas aparecerá el dios protegiendo a los reyes, que se encomendarán al divino representante del Bien, la Justicia y la Verdad.