La venganza del sultán: el trágico fin de los jenízaros

Cuerpo de guerreros de élite, los jenízaros dominaron la política del Imperio otomano, hasta que en 1826 Mahmut II desencadenó una brutal purga que terminó con su aniquilación

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album akg101722. Jenízaros durante la revuelta griega de 1821

Jenízaros durante la revuelta griega de 1821

Los pretorianos del sultán

Además de una fuerza temible para sus enemigos, los jenízaros eran la guardia personal del sultán y tuvieron mucho poder dentro de las fronteras otomanas. Maquiavelo lo resumió en El Príncipe: "El sultán está todo entero en poder de los soldados" y para conservar el trono "es menester que este soberano, que no hace caso ninguno del pueblo, mantenga a sus guardias en la inclinación de su persona".

Foto: AKG / ALBUM

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Arqueros jenízaros

Ataviados con sus característicos turbantes cónicos blancos. Miniatura turca del siglo XVI.

Foto: GRANGER / AGE FOTOSTOCK

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ALM-CFEP24. Armadura de un guerrero jenízaro. Museo Militar, Estambul.

Armadura de un guerrero jenízaro. Museo Militar, Estambul.

Foto: AGE FOTOSTOCK

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Explanada de At Meydani

Antiguo hipódromo de Estambul, escenario del motín de los jenízaros en 1826.

Foto: FAI / Album

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B007925D. El inconfundible uniforme jenízaro

El inconfundible uniforme jenízaro

Los jenízaros llevaban una pintoresca vestimenta que los distinguía del resto de tropas otomanas. Sus sombreros, en particular, eran un alarde de extravagancia; no en vano se decía que tenían sesenta maneras de liarse el turbante. El börk, el sombrero, está adornado con una cuchara delante, signo de camaradería, así como con larga una pluma de avestruz. En cuanto al uniforme, sus ropas lucían los colores del sultán, en señal de fidelidad. El caftán abotonado y el calzado de piel eran piezas características del cuerpo. 

Foto: BPK / SCALA, FIRENZE

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Armas

Las principales eran la espada yatagán —en la imagen—, símbolo del regimiento, el arco corto y el hacha. Los guardias de palacio sostenían una lanza .

Foto: ALAMY / ACI

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album akg1702414. El sultán Mahmut II (1808-1839)

El sultán Mahmut II (1808-1839)

La comida del viernes

La alimentación era un símbolo del estatus de los jenízaros; de ahí que tuvieran cargos como "sopero mayor",  "gran cocinero", "pinche negro" o "aguador mayor". Cada viernes se les servía comida de las cocinas del sultán en su caldero, objeto sagrado para los jenízaros.

Foto: Akg / Album

Juan José Sánchez Arreseigor

8 de junio de 2017

Cuerpo de guerreros de élite, los jenízaros dominaron la política del Imperio otomano, hasta que en 1826 Mahmut II desencadenó una brutal purga que terminó con su aniquilación

En el año 1330, Orhan, el segundo sultán del recién nacido Estado otomano, decidió crear un ejército profesional permanente con el que reemplazar a las bandas irregulares que conformaban su ejército hasta entonces. La élite de este nuevo cuerpo estaba formada por los llamados jenízaros, en turco yeniçeri, las "nuevas tropas". Los jenízaros se reclutaban al principio entre esclavos y prisioneros de guerra, pero muy pronto, desde finales del siglo XIV, se estableció el sistema del devshirme que obligaba a las familias cristianas de los territorios conquistados a entregar un hijo pequeño para servir como jenízaro.

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Solimán el Magnífico: el gran sultán otomano

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Considerados como hijos adoptivos del sultán, los jenízaros se convirtieron en un ejército mucho mejor organizado que cualquiera de sus rivales. Durante 300 años se cubrieron de gloria, sangre y victorias a lo largo de las campañas de conquista otomanas que culminaron durante el reinado de Solimán el Magnífico (1520-1566). A mediados del siglo XVI eran unos 30.000.

La ruina de los jenízaros fue la de muchas élites militares a lo largo de la historia: acostumbrados a vencer, se durmieron sobre sus laureles y pronto se vieron superados por los ejércitos europeos. Pese a ello, dentro del Imperio otomano se volvieron cada vez más poderosos. Su influencia en la corte llegaba al extremo de deponer al sultán si convenía a sus intereses; en 1622, por ejemplo, asesinaron a Osmán II para coronar a Mustafá I. La abolición del devshirme a mediados del siglo XVII marcó un momento decisivo en la historia de los jenízaros. A partir de entonces, el cuerpo se nutrió de los hijos de los mismos jenízaros, al modo de una aristocracia hereditaria, y de nuevos reclutas interesados únicamente por el salario y los privilegios fiscales. Sus efectivos aumentaron enormemente, hasta llegar a unos 135.000 a principios del siglo XIX.

Cuando en el siglo XVIII se hizo evidente el declive militar del Imperio otomano, cada vez más amenazado por las potencias occidentales, particularmente Austria y Rusia, muchos señalaron a los jenízaros como responsables. Por ello, el sultán Selim III, al acceder al trono en 1789, puso en marcha un gran programa de reformas, el llamado Nizam-i Cedid, o Nueva Orden, que incluía la creación de un ejército de nueva planta, con instructores occidentales y uniformes de estilo europeo que sustituiría en buena medida al antiguo cuerpo de élite.

La Nueva Orden

El nuevo ejército tuvo que desarrollarse de forma casi clandestina hasta estar listo para entrar en acción. En 1807 los jenízaros protagonizaran una violenta sublevación

Los jenízaros se opusieron ferozmente a cualquier innovación que hiciera peligrar sus privilegios y su poder, de manera que el nuevo ejército tuvo que desarrollarse de forma casi clandestina hasta estar listo para entrar en acción. Ello no impidió que en 1807 los jenízaros protagonizaran una violenta sublevación. Junto a estudiantes de teología, entraron en palacio y asesinaron a 17 oficiales del nuevo ejército y clavaron sus cabezas en picas. El sultán, denunciado por el Gran Muftí –la máxima autoridad religiosa del Imperio–, fue destituido en favor de su primo Mustafá IV, quien abolió de inmediato las reformas. Al saber que un gobernador de los Balcanes, Alemdar Mustafá Baja, se dirigía a la capital para socorrer al sultán depuesto, Mustafá IV lanzó a los jenízaros contra su predecesor, al que persiguieron hasta las habitaciones privadas de su madre, en teoría inviolables, y allí lo asesinaron. Cuando Alemdar llegó al palacio, Mustafá IV le arrojó la cabeza de Selim.

Pese a ello, Alemdar consiguió el apoyo del Gran Muftí para entronizar, en 1808, al hermano menor de Mustafá IV, Mahmut II. Convertido en su gran visir, quiso organizar un nuevo ejército: los sekban cedit. Pero una nueva sublevación de los jenízaros acabó con Alemdar y forzó al sultán a disolver los sekban cedit.
Crecidos por su éxito, durante los años siguientes los jenízaros impusieron su ley en Constantinopla, extorsionando a los tenderos y los comerciantes y causando estragos por doquier, granjeándose así la animadversión de la población. La incapacidad que demostraron para sofocar la revolución griega de 1821 no hizo más que agravar su desprestigio.

El sultán actúa

Por todo ello en 1826 Mahmut II creyó que había llegado el momento de eliminar el obstáculo que los jenízaros suponían para la reforma del Imperio. Mediante un decreto publicado solemnemente en presencia de destacados clérigos y funcionarios, Mahmut II impuso a los jenízaros un nuevo y estricto reglamento. Además, les comunicó que deberían desfilar ante él con un uniforme de estilo europeo.

Aunque en un primer momento los jenízaros prometieron obedecer, pronto todos se conjuraron para no realizar "ejercicios de infieles". El 14 de junio, tres días antes del desfile previsto, realizaron el gesto con el que tradicionalmente mostraban su descontento: volcaron de sus calderos la comida que les habían servido en el palacio y los arrojaron a la calle. A continuación, se lanzaron a las calles en bandas que amenazaban a todo el mundo. Intentaron asesinar al gran visir, aunque no lo localizaron, y amenazaron con esclavizar a las esposas y los hijos de los ulemas y vender a los niños por diez piastras.

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A diferencia de lo sucedido en 1807, Mahmut II se había asegurado el apoyo de los ulemas, la población y el resto del ejército. Al grito de "Victoria o Muerte", los bajaes y ulemas repartieron armas entre los estudiantes de teología para combatir a los sublevados. Aunque los jenízaros eran más de 20.000, la mayoría carecía de entrenamiento o experiencia en combate y muchos ni siquiera llevaban armas. Mientras tanto, las heterogéneas fuerzas del sultán les iban rodeando en la explanada de At Meydani (el hipódromo), y apuntaban sus cañones hacia ellos desde las colinas cercanas.

El 16 de junio, Mahmut II alzó el estandarte del profeta para reunir a sus hombres y marchar contra los rebeldes. Sin comprender lo apurado de su situación, los jenízaros enviaron una delegación al sultán para exigirle la ejecución de los oficiales reformistas y que retirara las tropas leales. La respuesta de Mahmut fue bombardear los cuarteles donde los jenízaros se habían replegado. Los pocos que lograron escapar de las llamas no encontraron donde refugiarse. Muchos fueron asesinados en la plaza del mercado central por la población a la que habían maltratado durante años, armada por el sultán para que se enfrentara a ellos. Al término de la revuelta, sólo en Constantinopla habían muerto diez mil jenízaros.

Celebración de la masacre

El "Venturoso acontecimiento" –como desde entonces se recordaría la masacre– supuso el fin de la célebre guardia militar otomana. La multitud, enardecida por los ulemas, cubrió de estiércol los calderos y estandartes jenízaros. El cuerpo fue disuelto y sus propiedades demolidas o confiscadas. Las revueltas de los jenízaros en las provincias fueron aplastadas sin piedad. Los que trataban de escapar eran fácilmente localizados gracias a sus característicos atuendos. A finales de mes, todas las unidades jenízaras habían sido exterminadas. La matanza no fue total, pero los pocos jenízaros que lograron sobrevivir tuvieron que esforzarse por pasar desapercibidos.

Los que trataban de escapar eran fácilmente localizados gracias a sus característicos atuendos

Entre tanto ensañamiento hubo también gestos de compasión. Así, algunos jenízaros se escondieron en los fogones de los baños de Constantinopla, donde sus amigos les llevaron comida. Las canciones de los "hombres de los fogones" recordarían a las generaciones venideras los tiempos gloriosos y el trágico fin de los más legendarios guerreros otomanos.