El Titanic: un hotel de lujo flotante

El interior del Titanic era un verdadero regalo para la vista, y no sólo por la belleza de su decoración.

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Escalera majestuosa

Escalera majestuosa

La gran escalinata principal era el corazón de la vida de primera clase. Se elevaba majestuosamente a través de seis cubiertas y estaba rematada por una cúpula de cristal que permitía el paso de la luz natural. Como otras fotos, ésta es del interior del Olympic.

Foto: Granger / Album

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Las barberías del Titanic

Las barberías del Titanic

Estaban situadas en primera y segunda clase. En la imagen su gemela en el Olympic

Foto: Bridgeman / Aci

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Paseadores de perros

Paseadores de perros

Dos miembros de la tripulación pasean a los perros de los pasajeros de primera clase. Estos eran los únicos a los que se le permitía acceder al buque con animales.

Foto: Bridgeman / Aci

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Preparadores físicos

Preparadores físicos

Thomas W. McCawley prueba la máquina de remo del entonces moderno gimnasio del Titanic.

Foto: Bridgeman / Aci

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Salones de té

Salones de té

En los distintos locales de primera clase del Titanic se podía tomar el té.

Foto: Alamy /Aci

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Salón de fumadores

Salón de fumadores

Los caballeros de la alta sociedad podían beber una copa y disfrutar de un habano en el salón de fumadores o instalarse en un lujoso comedor .

Foto: Bridgeman / Aci

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Amplia oferta de bares y restaurantes

Amplia oferta de bares y restaurantes

Por si los locales del Titanic no resultaban lo bastante exclusivas, la cadena Ritz gestionaba un restaurante con sus propios trabajadores.

Foto: Alamy / Aci

7 de abril de 2017

El transatlántico contaba con lujos increíbles para la época: piscina, pastelería, baño turco, zonas para pasear a los perros, barbería, un gimnasio, ascensores eléctricos o varios salones de exquisita decoración dedicados a la lectura o para los fumadores; eso sin contar los suntuosos comedores y cafés. En palabras del pintor Frank Millet, «tiene de todo menos taxis y teatros». Semejantes deleites estaban reservados para los pasajeros de primera clase, pero lo cierto es que el barco se construyó para que todos pudieran disfrutar de la generosa magnificencia del coloso.

La tragedia del Titanic

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El alojamiento en tercera clase era «también de un carácter muy superior», como anunciaba la propia White Star. Sus ocupantes, hombres y mujeres de clases populares que emigraban a Estados Unidos –la nueva Tierra Prometida–, se quedaron asombrados al comprobar el tamaño de los camarotes, que contaban con calefacción y luz eléctrica, o el espacio destinado a sus comedores.