Portugueses en el Congo: de la alianza a la opresión

A finales del siglo XV, exploradores portugueses descubrieron el poderoso reino del Congo, al que llevaron el cristianismo y las técnicas europeas, pero también la trata de esclavos

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136 Congo 3. Loango

Loango

Loango formó parte del reino del Congo. Fue una de las ciudades más avanzadas de África. Su prosperidad se basó en el tráfico de esclavos. Grabado en color. Siglo XVIII.

Foto: Granger collection / Age fotostock

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136 Congo 2. Soldado portugués

Soldado portugués

Figurilla del siglo XVI. Museo Quai Branly, París.

Foto: C. Jean / Rmn Grand-Palais

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136 Congo 1. Una gran recepción

Una gran recepción

Un rey del congo recibe sobre un estrado a una comitiva de portugueses en el siglo XVI. Grabado coloreado basado en un original de De Bry.

Foto: Everett Historical / Shutterstock

14 de mayo de 2015

El Congo surgió como reino después de 1350, fundado por el rey Nimi Lukeni, del pueblo kongo o bakongo. A comienzos del siglo XVI se extendía al norte y sur de la desembocadura del río Congo, sobre unos 300.000 kilómetros cuadrados, y tenía una población de unos tres millones de habitantes. Era un Estado relativamente centralizado en el que la monarquía era sagrada –como en el antiguo Egipto y en la Europa del siglo XVII–, aunque de carácter electivo. Los congoleños, agricultores y comerciantes, eran famosos por la forja del hierro y producían tejidos muy apreciados, objetos de cobre, plomo, armas y cerámica. Existía el culto a los antepasados –como los antiguos romanos– y a los espíritus territoriales.

El viaje de Diogo Cão

En 1482, una expedición naval portuguesa dirigida por Diogo Cão, que buscaba abrir una ruta marítima directa con la India, llegó a la desembocadura del río Congo. Poco después, en un nuevo viaje, Cão remontó el río y fue así como entró en contacto con el poderoso Estado congoleño. Los portugueses quedaron impresionados por la «grandeza y riquezas del reino». Según ellos, de la costa a la capital, Mbanza Kongo, el largo trayecto «era seguro, estaba limpio y bien mantenido y cada poco había grandes cantidades de alimentos».

A partir de este primer contacto, en 1487 se firmaron acuerdos de amistad y colaboración

Entonces el soberano o mani Kongo (rey del Congo) era Nzinga a Nkuwu (1470-1506). Cão lo vio sentado «sobre un estrado muy rico, con el torso desnudo, con una capucha hecha de hojas de palmera sobre la cabeza, con una cola de caballo adornada en plata que le caía sobre la espalda, con la cintura ceñida por un paño de damasco que nuestro rey le había enviado y con un brazalete de marfil en el brazo izquierdo». Los portugueses se mostraron respetuosos, pues los congoleños «eran hombres como ellos». En muestra de consideración, el comandante portugués «besó la mano» de Nzinga a Nkuwu.

Primeros contactos

A partir de este primer contacto, en 1487 se firmaron acuerdos de amistad y colaboración. Los congoleños, maravillados por la tecnología de los europeos, les pedían artesanos y materiales, y pronto llegaron de Portugal albañiles y carpinteros que se instalaron en la capital. También se establecieron relaciones diplomáticas entre ambos reinos. En 1489, Nzinga a Nkuwu envió una embajada a Lisboa y poco después mandó a jóvenes de su corte a estudiar a Portugal. La ayuda militar portuguesa fue asimismo decisiva para que el monarca congoleño derrotara a enemigos como el reino bateke.

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Los portugueses, sin embargo, exigían una contrapartida para esta cooperación: la conversión al cristianismo. Los emisarios congoleños de 1489 fueron bautizados y convertidos al cristianismo, y en 1491 llegaron los primeros misioneros, que construyeron iglesias y escuelas. El rey Nzinga a Nkuwu, o Ndozau, hubo de aceptar el bautismo y adoptó el nombre de Juan I, inaugurando una larga serie de monarcas cristianos congoleños. Los aristócratas indígenas que también se convirtieron conformaron un partido católico proportugués, los esicongo.

Sin embargo, gran parte de la población rechazó la nueva religión, y hasta el mismo rey se negaba a aceptar todos sus principios, como el que prohibía la poligamia, de modo que poco después volvió a sus antiguas creencias. «Todo había ocurrido demasiado rápido como para que hubiera una verdadera aceptación del catolicismo», escribe el historiador Ndaywel è Nziem.

El rey Nzinga a Nkuwu, o Ndozau, hubo de aceptar el bautismo y adoptó el nombre de Juan I

A su muerte, en 1506, debía sucederle uno de sus hijos, que no era cristiano, apoyado por los tradicionalistas; pero otro hijo del rey, Mvemba Nzinga, un católico convencido, lo derrotó con ayuda portuguesa y «de Santiago», y subió al trono con el nombre de Ndofunsu, o Alfonso I.

Católico a machamartillo

Ndofunsu (1506-1543) hablaba y escribía bien el portugués y confiaba en que el catolicismo lo afianzaría en el poder. Los portugueses no lo consideraban «tributario de Portugal», pues era un «rey auténtico», «el muy poderoso y excelente rey del Congo». En 1512, Manuel I de Portugal le escribió: «Poderosísimo y excelentísimo rey del Congo, os enviamos nuestros saludos por lo mucho que os amamos y estimamos, y rogamos a Dios que os conceda una larga vida y tanta salud como podáis desear».

Pero Ndofunsu mostró un fervor religioso casi obsesivo, que sorprendió incluso a los portugueses. Combatió la religión congoleña, quemando objetos de culto y prohibiendo su tenencia bajo pena de muerte (suerte que sufrió uno de sus parientes), y fomentó un «arte cristiano» con cruces y crucifijos que, sin embargo, los congoleños «reutilizaron» otorgándoles significados africanos. Favoreció la enseñanza en portugués, construyó numerosas iglesias y escuelas para los hijos de la nobleza regentadas por sacerdotes europeos de un nivel intelectual ínfimo. Ndofunsu aceptó la etiqueta de la corte portuguesa, con sus jerarquías y títulos, e incluso cambió el nombre de la capital, Mbanza Kongo, por San Salvador. El rey envió a estudiar a Lisboa a su hijo Ndodiki (Enrique), que se convertiría en el primer obispo católico negro, con sólo 23 años.

Ndodiki que se convertiría en el primer obispo católico negro, con sólo 23 años

Los portugueses pretendían controlar las exportaciones congoleñas, prohibieron la participación comercial de otros países europeos e intentaron privar al mani Kongo de navíos para comerciar. Por su lado, el gobernador portugués de Santo Tomé –isla del golfo de Guinea descubierta por los portugueses en 1470 y que les servía de base económica– trataba con desprecio a los enviados congoleños, retenía a los que iban a viajar a Lisboa o se apropiaba de los presentes que Portugal y el Congo se enviaban mutuamente.

A todo ello se añadían los piratas con sede en la misma isla. El amable Ndofunsu comenzaba a mostrarse reticente ante la introducción general del derecho portugués y la pretensión de que los portugueses imputados fuesen juzgados en Portugal. A todo esto se sumaba el comercio de esclavos, iniciado en 1505, y al que Ndofunsu se oponía enérgicamente. El rey quería expulsar de sus tierras a los comerciantes europeos, que tenían aliados entre la aristocracia congoleña. Temiendo la despoblación del territorio y la pérdida de fuerza de trabajo, en 1526 Ndofunsu escribió a Juan III de Portugal, sin saber que éste tenía intereses en la trata: «Hay numerosos traficantes en todos los rincones del país. Traen la ruina; no hay día en que no cojan a gente para ser esclavizada».

Desacuerdos y conflictos

La tensión entre portugueses y congoleños iba en aumento, mientras la marginada religión africana recuperaba su predicamento. El día de Pascua de 1539, sicarios portugueses contratados por los esclavistas irrumpieron en la iglesia donde se hallaba rezando Ndofunsu y dispararon contra él: «Han querido matarme delante del Verdadero Salvador del Mundo», declaró, incrédulo. El rey murió en 1543.,

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Desde entonces la historia del Congo quedó marcada por el esclavismo, las violentas guerras con los vecinos y la imposición del cristianismo. El país perdió de hecho la independencia en 1665, en la batalla de Mbwila, cuando unos cientos de portugueses, con aliados africanos, derrotaron al ejército del rey Antonio I, al que decapitaron. En las décadas siguientes, el Congo se hundió en la guerra civil y el desmembramiento. La dinastía de reyes congoleños cristianos perduró de modo casi testimonial hasta 1885, cuando, en la conferencia de Berlín, el reino fue repartido entre Portugal, Bélgica y Francia.

Para saber más

Historia del Congo. Ndaywel è Nziem. Catarata, Madrid, 2011.
El Congo luso: la conquista portuguesa del Congo (1482-1502). Peter Forbath. Edhasa, Barcelona, 2000.